Por: Gloria Arias Nieto
Pazaporte

Para Pilatos sí hay agua

Con una falacia que arranca suponiendo que todos nos caímos del zarzo, se cometen a lado y lado del espectro político, público y privado, violaciones y temeridades. Lo más reciente es Hidroituango, pero pensemos en tantos otros atropellos, tantos crímenes de toda índole, cometidos en nombre del mal menor.

Lejos de admitir que fueron producto de cadenas de errores, de la improvisación o intereses mezquinos, se pregona que las cosas se hicieron así por el bien de los otros. De unos otros que no fueron consultados, porque tienen más conocimiento, pero menos voz, menos recursos y absoluta informalidad. Viven su vida en modo monólogo; ellos mismos padecen y entierran su existencia, o lo que queda de ella. Ellos son los que saben, pero nunca son los que deciden.

Nos dicen que aceptemos sin tanto escándalo los consejos del redentor mayor, y de una vez aprovechemos para lavar el río, porque ¡bastante sedimento le dejó la vida!

¡Cuántos engaños y cuánta ignorancia se pasean impunes entre los escombros, entre peces muertos y ríos secos! Tenemos hordas de burócratas disfrazados de ecólogos, de asesores espirituales, vigilantes, tesoreros, paisajistas y nutricionistas de una población con hambre, sed y tristeza. Pero tranquilos, no pasa nada. Los pilatos del día seguirán lavándose las manos, porque para ellos sí hay agua suficiente.

Somos un país lleno de incongruencias: el presidente no preside y el falso Mesías nos crucifica; en nombre de la justicia, se amenaza a la paz; los sicarios le rezan a su propia Virgen; y el Cauca se llena de buitres reales y metafóricos.

Luego de ocho años —qué digo ocho, ¡60!— buscando el desarme de la insurgencia, ahora se quiere armar a “los hombres de bien” (en serio, ¿de bien?), quizá para que el pleonasmo de las balas perdidas venga de manos con manicure, hato generoso y Rolex original.

Cuando las infamias tienen licencia legal pero ilegítima, son doblemente crueles porque revictimizan a los caídos; a los derribados en las batallas que gana la violencia de género, la violencia contra los niños, contra los campesinos, contra el medio ambiente y la libertad de disentir.

Por favor, paren la bobada de decir que nos obsesionamos con el dolor ribereño y que la culpa del desasosiego nacional es de los periodistas, por publicar fotografías deshidratadas y transmitir testimonios de la vida real. Tenemos más de una neurona, podemos ver a lado y lado, y nos importan las indolencias, las corrupciones y sevicias, vengan de donde vengan. A la mayoría de los periodistas nos duele que se confunda desarrollo con extinción; ecología con capricho; poder con manipulación; y confianza con abuso.

Antes de terminar, quiero expresar mi total respaldo a la periodista Ana Cristina Restrepo. Una admirable maestra en este oficio; una mujer valiente, comprometida con la verdad y con la construcción de criterio. Siempre aprendo del fondo y la forma de cuanto escribe. Repudio las calumnias contra ella y contra todas las personas que se juegan la vida por ejercer el periodismo con rigor, con independencia y honor. No somos débiles, pero somos vulnerables: no tenemos más armas que la vida, la sensibilidad y la palabra; y la convicción necesaria para hacer la tarea.

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2019-02-12T00:00:52-05:00

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