Por: Jorge Iván Cuervo R.

¿Para qué y cómo votar para Congreso?

Este domingo 11 de marzo son las elecciones para elegir los próximos integrantes del Congreso de la República, y dos consultas que pueden redefinir el panorama general de cara a las elecciones presidenciales en el mes de mayo.

Frente a las elecciones a Senado y Cámara hay una gran confusión sobre por quién votar y sobre las razones por las cuales realmente se vota. Se dice que los votos en las elecciones al Congreso son menos ideológicos que las presidenciales, porque allí se ve con mayor fuerza el voto amarrado a las maquinarias políticas locales, y el voto de opinión tiende a reflejarse solamente en algunos senadores y representantes con exposición mediática, lo cual necesariamente no es cierto en todos los casos, como lo fue por ejemplo en las pasadas elecciones con el Centro Democrático, cuyo desempeño electoral estuvo atado a la figura —¿y a las ideas?— del expresidente Uribe y no a maquinarias, o en la votación del movimiento MIRA.

En medio de esta confusión, hay dos factores que distorsionan aún más el panorama: el voto preferente y la circunscripción nacional para Senado, y todo esto en el contexto de la crisis de representación de los partidos, transformados muchos de ellos en verdaderas franquicias sin coherencia doctrinaria, a donde puede llegar cualquiera con un caudal de votos importante, sin importar el origen de los mismos o el hecho de que en el pasado esos votos hubieran elegido a quienes hoy están respondiendo ante la justicia.

Como bien lo señaló Alfonso Gómez Méndez, el voto preferente y la circunscripción nacional para Senado han encarecido el costo de las campañas, lo que puede explicar en buena parte la corrupción —porque hay que recuperar la inversión—, y han terminado por desdibujar no solo a los partidos sino el rol de los candidatos y de lo que proponen.

Un candidato a presidente, alcalde o gobernador puede prometer cosas que de alguna manera puede hacer, pero un candidato al Senado o a la Cámara no puede prometer mucho porque el trámite de una ley no depende de su gestión. En un sistema presidencial es muy difícil que un proyecto de ley —y mucho menos una reforma constitucional— sean aprobados sin el apoyo del Gobierno, máxime si la facultad de presentar proyectos de ley en temas de impuestos o de impacto económico está reservada al Ejecutivo.

Hay muy pocos casos de leyes que se deban a la gestión de un solo parlamentario o incluso de un solo partido. Casos hay, pero el esfuerzo de concentración que debe hacer un congresista para que ello suceda prácticamente lo limita en otros frentes. Incluso, valdría la pena debatir si se justifica la iniciativa legislativa parlamentaria y dejar esta solamente al Gobierno y a la ciudadanía.

De suerte que el valor del Congreso está en el control político y en los debates que realice en el trámite legislativo. Ahí sí importa saber cómo votaría tal iniciativa un candidato en temas económicos, de política social, de reformas institucionales, sobre asuntos morales (como eutanasia, pena de muerte, aborto, etc.). Así que no coma cuento de aquellos que prometen instaurar la pena de muerte, meter a la cárcel al presidente saliente, crear ministerios, bajar los impuestos, generar empleo, porque son promesas que sencillamente no pueden cumplir y lo están engañando de frente.

No pierda su voto, trate de votar con conciencia y con responsabilidad, en varios partidos hay gente valiosa que vale la pena apoyar, y durante los cuatro años siguientes haga el seguimiento del desempeño de su congresista. Esta guía de La Silla Vacía puede ayudar en algo.

@cuervoji

 

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