Por: Julián López de Mesa Samudio
Atalaya

¿Para quién trabaja la Superfinanciera?

Cuenta Lawrence Lessig que, en noviembre de 1935, Edwin Howard Armstrong demostró por primera vez su invento: la radio en FM.

Años atrás Armstrong, quien trabajaba para RCA, había sido encomendado por su compañía para mejorar la calidad del sonido en AM que, por aquel entonces, era la única forma de hacer radio. El descubrimiento de Armstrong excedería por mucho su misión pues la FM tenía el potencial de poner en jaque el statu quo de la AM. RCA y un puñado de compañías dominaban este lucrativo mercado, por lo que el invento de la FM ponía en riesgo la posición dominante de RCA. Incapaz de adaptarse y ver los enormes beneficios que traería eventualmente la FM, RCA se encargó, durante más de 20 años, de impedir que esta nueva tecnología se usara a través de múltiples demandas y de su influencia en las esferas políticas en los entes reguladores de los Estados Unidos.

Hoy blockchain tiene el potencial de transformar por completo el sistema financiero mundial pues entre otras aplicaciones es la tecnología detrás del bitcoin y otras criptomonedas. Pero, además, blockchain no es el futuro: es el presente. Por eso no deja de ser sospechoso que el Estado y sus entes reguladores intenten frenar la ola de la innovación y el cambio mientras, en su discurso, dicen fomentarlo.

Uno de los objetivos estratégicos de la Superintendencia Financiera es el de fortalecer el marco regulatorio de nuestro mercado de capitales mediante la implementación de los mejores estándares internacionales de regulación y supervisión, “teniendo en cuenta el proceso de globalización de los mercados de la región”. Es sorprendente que, en la práctica, este ente, tapándose los ojos ante los profundos cambios que trae blockchain al sistema financiero, ignorando las dinámicas de un mercado globalizado y pasando por alto el beneficio para empresas y usuarios, haga todo lo contrario.

Aunque muchas empresas de intercambios en bitcoin, legalmente constituidas, han estado en permanente comunicación con la Superintendencia Financiera y con los oficiales de cumplimiento de los bancos con los cuales trabajan, dándoles garantías de transparencia y cumpliendo con todos los requerimientos que se les han hecho, desde hace algunos meses el ente regulador se ha empeñado en obstaculizar e incluso impedir que estas empresas, que pagan impuestos y dinamizan la economía, puedan ejercer sus actividades con normalidad. Todo se ha hecho subrepticiamente a través de circulares internas a los bancos instruyéndoles desestimular operaciones con criptomonedas. En una de dichas comunicaciones les solicita “evitar” (¡lo dice textualmente!) que, de manera directa o indirecta, se promuevan o efectúen operaciones con monedas virtuales.

Por esta y otras razones del mismo tipo, reminiscentes del caso de Armstrong, cabe preguntarse: ¿para quién trabaja la Superfinanciera? ¿Qué tipo de intereses estará salvaguardando y a quién beneficia?

Quebrado financiera y moralmente por años de litigio, finalmente, en 1954, Edwin H. Armstrong se lanzó a su muerte desde un décimo tercer piso. La cortedad de miras de RCA y de los entes reguladores de su momento no solo fueron responsables de la tragedia personal de Armstrong, sino que le impidieron por décadas a millones de usuarios beneficiarse de un mejor servicio. A pesar de todo, hoy la FM domina la radio. Superfinanciera: ¿no será hora de cumplir con los objetivos de la entidad y dejar de ponerle freno al emprendimiento y a la innovación? Que no sean pronto ustedes los nuevos responsables de haber retrasado el progreso de la nación y el interés de los usuarios.

@Los_Atalayas, [email protected]

 

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