Por: Ana Cristina Restrepo Jiménez

Para Victoria

Comandante Victoria Sandino (Frente 21, Farc-EP):

He revisado con interés el comunicado que usted emitió desde La Habana (12/10/2013).

Muchas colombianas —no sólo las “farianas”—, ciudadanas en el sentido estricto de la palabra, buscamos en esencia dos formas de equidad: social y de género. La segunda debería hacer parte de la primera, pero dada nuestra historia, es necesario diferenciarlas.

En su discurso, en el cual se declara una “humanista”, defiende a sus compañeros de las “pérfidas invenciones” de los medios masivos. Sólo me concentraré en su carácter complaciente con los hombres...

Demuestre con pruebas, no con arengas, que las Farc no reclutan niñas: “Aproximadamente cuatro de cada diez combatientes de las Farc actualmente son niños, niñas o adolescentes, 42% del pie de fuerza en combate”, asegura el informe Como corderos entre lobos, de Natalia Springer. Que respetan la autonomía de las mujeres: “En un año el promedio de abortos obligados en las Farc ronda los 1.000”*. Que no las presionan a caminar en la selva con un fusil en el hombro y un hijo en el vientre. Que no las hacen parir en antros antihigiénicos (caso de Clara Rojas).

“Por cada guerrillera se calcula que entre cinco y siete guerrilleros pueden tener relaciones sexuales con ella durante su militancia” (El Espectador, 29/01/2013*). ¿Serán relaciones consensuadas? ¿Quién hace acatar el artículo 3-K, capítulo 1 de los estatutos de las Farc? ¿Acaso respetan la Ley 1257 de 2008?... ¿La conocen?

Cuéntenos cómo controlan la natalidad, quiénes realizan las labores domésticas (en estas páginas, usted afirmó cuidar a las guerrilleras embarazadas... ¿los guerrilleros también se encargan?)...

La equidad de género, Victoria, no se reduce al abuso del lenguaje incluyente. ¿En qué página de Una habitación propia, de Virginia Woolf, o de El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, se incita a la lucha armada?

Permítame evocar a Antonio Caballero: “Estoy de acuerdo con la exigencia de que el Estado deje de matar en nombre del orden, y en desacuerdo con que las Farc se arroguen el derecho de matar ellas mismas en nombre de la libertad”.

¿Por qué apenas ahora asoma en la mesa de La Habana la perspectiva de género? ¿Cuántas mujeres integran el estado mayor central? ¿Dónde queda el “caudal de posibilidades para reconocernos como mujeres” que usted menciona?

No entiendo su interpretación de la autonomía: ¿usted no toma ni pide la palabra sino que espera a que se la concedan, como en La Habana?

Recuerde tantas historias valiosas (por ejemplo, la primera Asociación Nacional de Mujeres Campesinas e Indígenas). Piense en la relación de las mujeres con su cuerpo, con la distribución y posesión de las tierras (derecho formal a los terrenos, acceso a créditos, etc.), con la asignación de roles, con el acceso a las posiciones de poder.

Nuestra fortaleza, Victoria, es la palabra. Esa mesa necesita mujeres (no sólo de las Farc): considere una lucha hablada, ya que la armada nos tiene exhaustos... y exhaustas.

 

 

 

Ana Cristina Restrepo Jiménez*

 

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