Por: Danilo Arbilla

Paraguay: 61 años después

El ex obispo católico Fernando Lugo, al frente de la Alianza Patriotica para el Cambio (APC) fue electo, el domingo 20 de abril, presidente del Paraguay. Ganó, en elecciones libres, con el 41 % de los votos y puso fin a 61 años de gobiernos colorados, lo que lo hace doblemente bienvenido. En esas seis décadas de hegemonía del Partido Colorado se incluyen los 35 años de la dictadura de Alfredo Stroessner.

Lugo asumirà el próximo 15 de agosto, si antes no se va el actual presidente Nicanor Duarte, sin duda el gran derrotado. Pero desde ya este cambio empieza a generar movimiento, temblores y anuncia turbulencias. Y no solo en Paraguay, sino en la región. Quizas sean mayores que las que se esperan y se sospechan. Lo de Lugo va a dar que hablar.

El electo presidente ha sido contabilizado por observadores y analista como un nuevo miembro para eje de gobiernos “progresistas” latinoamericanos. Los titulares de esos gobiernos se apresuraron a saludar al camarada. No tan apurado Lula y ya veremos por qué. Chàvez,¿cuándo no?, lo reconoció como miembro del clan y dijo que venìa a aportar lo que le faltaba al grupo: “un cura”.

El exobispo, que nunca se declaró muy chavista ni recibió en las instancias preelectorales el apoyo verborrágico del venezolano – que para algunos ha sido el “ beso de judas”’- se autoubicó en el “centro izquierda” y puso como modelo al gobierno del uruguayo Tabarè Vàzquez, que también llego al poder al frente de una amplia coalición de partidos y grupos politicos.

Contrariamente a lo de otros paises, los temas de campaña no fueron los viejos esloganes antiimperialistas. Fueron tres más urgentes y reales: alta pobreza (mas del 40% de la poblacion), corrupción, con porcentajes desbordantes y las relaciones con Brasil (en particualr el precio que este paìs paga por la energìa que genera Itaipù).

Y con Brasil no se agota ahi. Cuando los paraguayos hablan de imperialismo, generalmente no se refieren a los tradicionales del norte, sino mas bien al del costado. Sin duda el tema màs urgente y mas sensible es el del acuerdo de Itaipú. Esta central hidroeléctrica cubre el 95% de las necesidades paraguayas, las que se atienden con solo el 5% de su generacion por lo que hay un sobrante inmenso que obligatoriamente se vende a Brasil a un precio de costo, o muy cercano, y no al del mercado, el que segùn los paraguayos por lo menos quintuplica al que hoy reciben. Para Brasil, al que la central le cubre el 20 % de sus necesidades, el tema es muy serio.

Lula saludó el cambio y el triunfo de la democracia en Paraguay y felicitó al Lugo, pero casi simultàneamente dijo que el acuerdo de Itaipu, que vence en el 2023, y que fue firmado hace 35 años por los dictadores Stroessner y Emilio Garrastazu Médice, no se modifica. Es cierto también que al tiempo que muchas voces repetían en Brasil que el precio era justo, desde el gobierno no se descartaba la posiblidad de conversar.

El presidente de Bolivia Gonzalo Sanchez de Losada (2002-2003) cayó cuando intentó modificar el precio del gas que vendìan a Brasil. A Evo Morales, quien fue instrumento para la caída de aquel, le ha ido mejor. Con Chàvez de ladero pudo negociar y achicar en algo la hegemonia brasileña en sector; consiguió mejor precio pero las “ prioridades” son para el gran vecino, incluso en desmedro del otro gran vecino: Kirchner que necesita el gas no pudo lograr nada.

Los brasileños son duros para negociar y nada generosos, pero seguramente deberàn optar : subir el precio y asì garantizarse el uso exclusivo de lo que le sobra a Paraguay. Internamente no es lo mejor para Lula, pero vale mucho en el plano regional donde la algo disimulada puja por el liderato con Chàvez se enfrenta a una nueva batalla.

Paraguay es zona de influencia de Brasil: esto es lo que entienden los brasileños y es aceptado por muchos analistas, pero eso es dificil que frene la incontinencia de Chavez, a quien en los hechos los brasileños mantienen sin permitirle la entrada definitiva al Mercosur. Los roces en el “eje” se van a sentir. Problemas del crecimiento.

Lugo tendrà que manejarse con sumo cuidado y prudencia. Lo mismo tendra que hacer internamente, lo que no es chico tema. Su coalición (APC)no es igual al Frente Amplio uruguayo. Este fue fundado hace 37 años y esta integrado solo por grupos y partidos de izquierda. La APC se formó ante la instancia electoral hace ocho meses y sus integrantes van desde la derecha y centro derecha, donde se ubica el vicepresidente electo Federico Fanco, a la extrema izquierda. Desde admiradores de Aznar a seguidores de Chàvez.

El ex obispo, suspendido “a divinis” en el 2007, tiene pendiente, ademas, ese problema con Dios. Se supone que este caso lo encarara a travès del Papa, y que lograrà una salida menos peleada que con aquellos otros.

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