Por: Ernesto Yamhure

Parando a Correa

DANIEL MÉNDEZ, JUEZ PRIMERO PEnal de Sucumbíos, miserable provincia ecuatoriana enclavada en la selva amazónica, resolvió, al mejor estilo kafkiano, dictar una orden de captura contra Juan Manuel Santos.

Lo acusan por ser el responsable de la magistral operación militar en la que se dio de baja a Raúl Reyes y 25 terroristas más, entre ellos el ciudadano ecuatoriano Franklin Aisalla, a quien ese país ha pretendido vender como un arcángel que se hallaba haciendo ecoturismo en el campamento del ex número dos de las Farc.

Fénix ha sido el golpe militar más duro que se le ha propinado a la guerrilla en más de cuarenta años. Ha sido la única vez que se ha podido dar de baja a un integrante del secretariado. Fue la primera ficha que desató un efecto dominó en las Farc. A los pocos días vino la muerte de Ríos, después el infarto de Marulanda, que murió correteado por nuestras Fuerzas Militares. Cuando apenas se reponían de la cascada de muertes, pudo realizarse la ‘Operación Jaque’, procedimiento que permitió corroborar el alto grado de desarticulación guerrillera.

Son muchos los indicios que desenmascaran el nauseabundo maridaje entre el régimen ecuatoriano y la guerrilla colombiana. Aquel país se ha convertido en la guarida donde los jefes del terror han encontrado amorosa y segura bienvenida.

Adolorido, con el alma enlutada por los golpes que las Farc han recibido —particularmente por la baja de su bien amado huésped Raúl Reyes— el gobierno de Ecuador ha buscado revancha. Y Correa, cual matón de esquina, llevaba un año y medio esperando el desquite. De repente  apareció el juez prevaricador, el amanuense que le hacía falta para continuar sus ultrajes contra Colombia.

Esta ofensa debe ser respondida con verticalidad. No se trata de un asunto menor, ni de un capítulo más de la crisis política con Ecuador. Es, sin lugar a dudas, una agresión del más alto calibre que debe ser asumida con el rigor que se merece.

Un militar de alto rango me decía que va siendo hora de que el presidente Uribe “le pare el macho a Correa”. En efecto, así debería ser. De nada han servido las venias diplomáticas para contrarrestar la bajeza del bárbaro que rige los destinos de Ecuador y cuya sed de venganza por la muerte de Reyes parece infinita. Las circunstancias nos convidan a la búsqueda de una solución que le ponga fin, de una vez por todas, a esta situación.

Se trata de un asunto de dignidad nacional. No podemos permitir que continúe esa carrera de desafíos por parte del hostil gobierno ecuatoriano. Correa, que lleva un año tentando a los colombianos, está cada vez más envalentonado; se acostumbró a escupirnos y nosotros, cobardemente resignados, nos hemos sometido a sus afrentas.

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Manuel Zelaya había violado la Constitución hondureña, se había pasado por la faja fallos del Tribunal Electoral, de la Fiscalía y de la Corte Suprema de su país. No había respetado la voluntad del poder legislativo.

De manera insólita, puso a los militares a coordinar la logística de una consulta popular ilegal diseñada y financiada en Venezuela.

Zelaya desde hace mucho tiempo había dado el golpe contra dos ramas del poder y contra los militares de Honduras. Entonces que no se sorprenda este aprendiz de Chávez a quien le cabe perfectamente aquella máxima popular: el que a hierro mata…

 

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