Por: Daniel Pacheco

Paranoia: Molanos, Araújos et al

DESPUÉS DE LEER LA COLUMNA ARAÚjos et al, por la que Alfredo Molano enfrenta una demanda por injuria y calumnia interpuesta por miembros de la familia Araújo de Valledupar, decidí no adherirme a la campaña en su apoyo que circula en internet.

El correo pide que “los abajo firmantes” expresen su solidaridad a Alfredo Molano, y condenen “sin titubeos” la demanda por considerarla un “atropello contra la libre expresión del pensamiento crítico”.

De entrada estuve tentado a adherirme. En parte por el gran apoyo público de notables académicos y periodistas, nacionales e internacionales, con el que cuenta la iniciativa. Pero sobre todo por la simpatía que tengo con el trabajo y las opiniones de Molano.

Sin embargo, Araújos et al, además de darle a lector una visión radical y gráfica de la forma como algunos miembros de contadas familias de la Costa Atlántica concentran y abusan del poder, da mucha ‘papaya’. Sobre todo, y Molano que es curtido lo sabe, cuando las personas de las que habla disponen abundantes recursos legales a la cacería de descuidos de voces insignes como la suya.

A continuación transcribo el párrafo de la discordia:

Ambas familias (los Araújo de Valledupar y de Cartagena) son de esa rancia cúspide regional acostumbrada a manejar haciendas, predios, (…), con los mismos criterios especulativos y endogámicos. Los notables de Valledupar nacieron todos en la misma cuadra (…). Han vivido del contrabando de café y ganado (…); después, sin duda, contrabandearon maracachafa (…); han escriturado, con parientes notarios, haciendas y predios urbanos a sus reconocidos nombres y les han quitado toda la tierra que pueden a los indígenas de la Sierra (…).

El asunto está en determinar si cuando Molano se refiere a “los notables de Valledupar” que “sin duda, contrabandearon maracachafa”, está haciendo una alusión directa a la familia Araújo. Para mí no es claro ni lo uno, ni lo otro. De hecho, Molano parece pararse intencionalmente en esa fina raya de la interpretación gramatical para lanzar toda clase de acusaciones, sin dar ninguna prueba. Como quien lanza la piedra y esconde la mano.

No es escandaloso, por lo tanto, que lo hayan demando. Y tampoco parece que la demanda sea un “atropello contra la libre expresión del pensamiento crítico”. ¿Por qué tanto alboroto entonces?

Detrás de este litigio leguleyo y de las campañas exaltadas, se reproduce una paranoia nacional que polariza, divide y nos encasilla en posiciones dogmáticas de derecha e izquierda, ‘paras’ o guerrilla, farcpolítica o parapolítica. Lo peor es que este estado de exaltación constante sea propiciado por los medios y los académicos, quienes caen en el juego de los sectores del Gobierno interesados en mantener una polarización que los está perpetuando en el poder.

La familia Araújo, ensañada en limpiar su nombre, exige en la demanda unas condiciones de rectificación inaceptables para cualquier periodista, cuando debería más bien convencer a su patriarca prófugo de que se entregue a la justicia. Por su parte, los líderes de opinión contribuyen a la paranoia con una campaña que denuncia la “domesticación de la opinión pública… que desemboca de manera inevitable en una dictadura”.

Molano mismo habla de esta paranoia en una columna reciente: “…baste dividir una sociedad entre buenos y malos, entre rojos y azules, entre los de acá y los de allá, entre patriotas y apátridas, para tener resultados a mano. Un efecto creciente que falsifica, aplasta, reseña”.  Sin embargo, ¿no es eso lo que él hace al hablar de unos “notables” y su alumnos? ¿De ellos y todos los que se les parecen?.

En vez de una campaña de rechazo a la demanda, Molano debería proponer una recolecta para pagar un abogado. Esa sí sería una iniciativa a la que estaría dispuesto a adherir.

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