Por: Reinaldo Spitaletta

¿Parapolítica? ¡Qué va!

Lo vuelvo a decir: habitamos en el país más impoluto de la Tierra, el de los tres poderes independientes, el que no tiene parapolíticos, el que tiene un presidente que no grita ni desafía a la oposición o señala a sus miembros de “comunistas disfrazados”, el que posee asesores presidenciales de “inteligencia superior” que descubren en instantes de inspiración que una marcha antiparamilitar es organizada por las Farc.

¡Qué país limpio! Aquí desde antes del Bogotazo se han respetado las ideas de izquierda. Para qué hablar de desaparecidos si es que a lo mejor andan de farra. O de burdel. ¿Cómo dicen? ¿Asesinar dirigentes sindicales? Jamás, si es que por el contrario aquí se expiden reformas laborales para preservar los derechos de los trabajadores, para repartir con ellos las utilidades de las empresas. ¿Asesinar dirigentes sindicales? Gran mentira, si es que acaban de matar uno –otro- en Barranquilla pero eso no hace parte de ningún complot contra el sindicalismo.

Ah, y qué tal la maravilla. Tenemos una prensa independiente. Es si no mirar por ejemplo a RCN (por ahí los subversivos andan en campaña: un millón de voces contra RCN): qué imparcialidad, le dan voz al que no tiene voz (nada de sordomudos). No sé qué es la cosa ni por qué algunos oposicionistas la llama Radio Casa de Nariño. Ah, y el “nuevo” El Tiempo que ya tiene de reportero a Álvaro Uribe. Eso sí es periodismo con poder.

Qué pulcritud de país. No es si no mirar que una vez don Mancuso o alguno de esos dones, advirtió no sin gracia que el Congreso de la República era paramilitar un 35 por ciento. El porcentaje era mayor. Aquí la oposición dice que hay “parauribismo” porque son ya…, bueno, perdí la cuenta, no sé cuántos, tal vez sesenta congresistas seguidores del presidente que están acusados de tener lazos con el paramilitarismo.

Pero, vaya, de qué se quejan. Si es que aquí en Colombia el paramilitarismo surgió para salvar a la gente de la subversión, no importa si esa misma gente caía a punta de motosierra o masacrada a bala, que hubo también algunos que se tomaban la sangre de los muertos, pero era que estaban en una cruzada contra los impíos bandoleros. Cómo no decir que estaban (los paracos) por salvar al país y entonces merecían quedarse con las mejores tierras, ni bobos que fueran.

Ah, bello país. Es si no recordar por ejemplo cómo el presidente defendió al buen muchacho del DAS que ahora está preso por conexiones con el paramilitarismo; o cómo sedujo a una congresista para que salvara la reelección. ¿Os acordáis de Teodolindo? Tal vez, pero ahora vuelve doña Yidis a la palestra, la misma que se dejó obnubilar (¿o sería obdubilar? querido asesor) por la promesería del gran caudillo. Oro y mieles para su región, que nunca llegaron.

Y digo que es una maravilla, porque en Colombia –nada nuevo bajo el sol- lo inmoral y lo ilegal dan caché y estrato. Como cuando La Gata, aquella misma que mandó a pintar un pueblo de azul para hacerle campaña a su hijo, invirtió dineros para la campaña del entonces “presidente-candidato”. Y qué. Si ya tenemos tradición de inversiones de fondos de la mafia en la política. Lo dicho: eso da lustre. Y muchos votos.

Lo que se evidencia después de todo es que parece que nos gustara la parapolítica. Se ve como algo decente y normal. O tal se infiere de una actitud presidencial de poco o nada hacer para aclararla; más bien llegó a decirles a sus copartidarios que antes de irse para la cárcel siguieran votando en el Congreso y después cuando estuvieran presos los reemplazaría el siguiente de la lista. Una belleza, carajo.

Insistamos con la premisa: nos gusta lo inmoral e ilegal, porque engorda las arcas, porque da réditos, porque para tales conductas no hay castigos sino premios: sillas vacías. O reformas políticas que más que resolver el asunto de la delincuencia en las prácticas políticas, las afina. No en vano tuvimos el Frente Nacional, que legitimó todas las corruptelas y clientelismos. Y en eso estamos todavía.

Y qué tanto es eso. Qué tanto es que, por ejemplo, ya estén investigando al presidente del partido del Presidente. Por qué. Por parapolítica. Lo cual en este país de realismos mágicos no significa nada. Es más: en Colombia parece que ser delincuente, paga. Es asunto de distinción. Gajes de la cultura mafiosa.

A quién le importa hoy que seamos el segundo país en el mundo con mayor número de desplazados (cuatro millones). Qué cuento. Por algo será que los desplazaron. No eran productivos. Ni capaces de crear empresa. No merecían tener tierra, ni tranquilidad, ni derecho al trabajo. Ni a nada. Y si no que lo diga algún agropecuario ministro.

¿Parapolítica? Qué va. Si es que estamos haciendo patria. ¿Sindicalistas asesinados? Mentiras de la oposición que no desea que entreguemos nuestro mercado a nuestras queridas corporaciones trasnacionales, incluidas las que apoyaron el paramilitarismo. No sé si el corazón de Jesús todavía es colombiano: creo que ya lo desplazaron.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Reinaldo Spitaletta

¡Oh, qué será de Brasil!

La marcha por el saber

Marionetas con olor a banano

La opinión y el gran Burundún

Criminalización de la protesta