Por: Juan Carlos Botero

Parientes, méritos y críticas injustas

SI ALGUIEN TIENE EL PRIVILEGIO de contar con un espacio de opinión en un diario del país, eso brinda cierto poder e influencia, y por eso hay que ser responsable en la selección de los temas y en el uso de las palabras.

Muchos quisieran esa suerte: opinar sobre asuntos de interés nacional, agregar su voz a los debates y hasta ventilar la rabia que tantas noticias nos despiertan a todos. Eso hizo Yolanda Reyes, que usó su columna de El Tiempo para fustigar a un joven. Pero ¿cuál fue el error del muchacho? ¿Cometió un delito, o un abuso despreciable del tipo usted-no-sabe-quién-soy-yo? No. Publicó un libro sobre el mayor problema del país: la pobreza. Y eso dice mucho del criterio de una señora que se presenta como educadora.

El libro es Explicando lo inexplicable: 17 entrevistas a figuras nacionales que, desde diversas ópticas y profesiones, opinan sobre las causas de la pobreza, sus retos y sus posibles soluciones. El autor es Fernando Botero Quintana, y afirmo de entrada que es mi sobrino, y ése es el aspecto que la columnista utiliza para criticar el libro: los apellidos del autor.

Quien hace públicas sus opiniones se expone al examen de ese mismo público y a sus críticas buenas o malas. Eso es legítimo. Por eso, a pesar de los insultos, los ataques y las burlas que a menudo recibo en los foros de esta columna, nunca protesto, ni corrijo ni respondo a los lectores. Los textos se tienen que defender solos, y nadie me obliga a volver públicas mis ideas, y si lo hago, me someto a las reacciones que éstas puedan suscitar. Eso es parte del debate democrático. Lo que no es justo es la canallada, la puñalada sucia y la burla perversa e injustificada. Eso hace Yolanda Reyes. Acepto la crítica, pero no el escupitajo, y menos el gratuito.

Porque, veamos: ¿el testimonio de estas 17 personas carece de valor? No. Figuran el presidente, varios expresidentes, empresarios, magistrados, ministros y expertos en la materia. ¿Es un libro superfluo? Tampoco. Todo texto que aporte luces sobre la pobreza en Colombia es válido. ¿Está mal hecho o se falsean las tesis? Para nada: el autor plantea preguntas difíciles, comunica las respuestas y ofrece más de 20 soluciones. Es un trabajo digno, pero en lo que repara Yolanda Reyes es la familia del autor. Y eso es patético.

¿Acaso este joven debe heredar los enemigos de otros, o responder por los errores que cometió su padre cuando él era apenas un niño? Conozco esta historia. Sé lo que es sobrellevar el peso de errores ajenos. Es una carga grande e injusta, y no se la deseo a nadie. Habiendo tanto que criticar en Colombia, esta mujer se ensaña contra un joven pilo y serio. ¿Y se declara educadora?

Yolanda Reyes sugiere que esto es típico del país: la rosca de “la clase dirigente” que se apoya y promueve gente unida por sus intereses y no sus ideales. Pero se equivoca. Un joven como éste es justamente lo que no es típico de ese grupo. Conozco a muchos, y a pocos les importa el país, y hacen poco por mejorar las cosas. Lo típico es lo que hace ella: criticar un libro por cosas ajenas al texto, y despreciar algo meritorio sin justificación. Si la señora Reyes no sabe distinguir entre un acto criticable y risible, y uno positivo y loable, no sólo carece de objetividad. Peor aún: está enceguecida por sus prejuicios.

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