Por: Eduardo Barajas Sandoval

Parlamento en período de prueba

La precariedad de la condición ética de los miembros del parlamento constituye uno de los peores males que pueden afectar a una democracia.

Manchada la representación popular, cualquier sistema político puede verse arrastrado al pozo insondable del desencanto ciudadano y de la falta de confiabilidad. Por eso, a la manera de los pactos políticos de la mayor importancia, unos estándares de la vida pública deben ser  no sólo convenidos sino respetados con celo por las fuerzas políticas, con la aprobación y la vigilancia de la sociedad, para evitar que las malas prácticas se conviertan en actos cotidianos y terminen por nivelar por lo bajo la calidad del ejercicio de la política.

Como sucede en muchas partes, en la medida que los parlamentarios tienen que cumplir obligaciones políticas tanto en su región como en la sede del legislativo, los miembros de la Cámara de los Comunes, en la Gran Bretaña, tenían derecho a una importante suma de dinero que les permitía desempeñar confortablemente su oficio tanto en Westminster como en su lugar de origen.  Pero la índole de esa prestación dio lugar, como en cualquier república bananera, a los abusos más vergonzosos.

La lista de las ocurrencias de muchos de ellos para sacar provecho del mencionado beneficio llenó los titulares de los periódicos. Los ciudadanos supieron entonces que sus impuestos estaban siendo en muchos casos destinados a pagar toda una serie de lujos, ridiculeces y abusos de parte de sus representantes políticos, miembros de una clase que, como en otras partes del mundo, ha llegado a lo largo de un proceso paulatino a ser objeto de sospecha, cuando no de repudio.

En la medida que los hechos afectaron principalmente a miembros del partido de gobierno, la situación del Primer Ministro se hizo particularmente precaria, como si le faltaran problemas junto a las dificultades que implicó reemplazar a su antiguo jefe, muy cerca ya del final del segundo mandato laborista, en medio de la peor crisis económica de varias décadas.

El hecho de que no sólo los laboristas, sino también los conservadores, estuvieran involucrados en el escándalo evitó que uno de los dos grandes partidos pudiese sacar ventaja de la situación para aparecer como la fuerza política capaz de pedir cuentas a las demás. Pero esta misma circunstancia llevó a que  más bien el conjunto del parlamento tuviese que pasar por una vergüenza colectiva que debilita a todo el establecimiento político y refuerza la incredulidad ciudadana en la calidad de sus representantes.

El interés propio de los políticos, que no es otro que el de buscar y ejercer el poder el mayor tiempo posible, les lleva a idear todo tipo de estratagemas para conseguir los votos necesarios en el propósito de conseguir una curul. Pocos o muchos, siempre encuentran ciudadanos dispuestos a apoyarlos para que se vuelva a editar el espectáculo. Pocos se detienen a pensar en lo que sucedería si el repudio de palabra ampliara su espectro y decidiera de pronto no reiterar la liturgia que permite prolongar la vigencia de una clase política que encontró un nicho para cumplir, bien o mal, una función necesaria para que se mantengan las apariencias.

Es muy posible que estemos llegando, en muchas partes, a un momento en el que los ciudadanos comprendan que la democracia no puede consistir simplemente, como parecen interpretarlo muchos políticos, justamente en darles a ellos el poder en ejercicio de un ritual. La democracia consiste en mucho más que ello. Sólo que uno de sus capítulos esenciales, desde el punto de vista de la institucionalidad, radica en el hecho de elegir mejor. Por eso todos los parlamentos deben estar permanentemente en período de prueba frente a unos estándares que marcan el nivel ético de la vida de cada país. Si no actúan oportunamente, para sancionar y cambiar de rumbo, aquellos en cuyas manos está refrendar o reprobar las equivocaciones que sus delegados cometan a propósito, la crisis sería aún más profunda. Todos quedamos expectantes respecto de la manera en la que los británicos, en las elecciones ya cercanas, van a reaccionar.

 

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