Por: Luis Carvajal Basto

Paro: ¿Como Venezuela?

El 53 % de ciudadanos encuestados en la última medición de Invamer consideran que hacia allá nos dirigimos. ¿En verdad puede ocurrir?

“Así empezó todo”, comentó una  compatriota venezolana , una de los millones que han debido abandonar al hermano país por cuenta del innegable caos, desinstitucionalización y desgobierno que allí impera, al referirse a la repetición de las protestas callejeras que, en algún momento, desbordadas, abrieron paso a la dictadura populista.

Existe, en Colombia, un evidente desgaste y pérdida de credibilidad de algunas instituciones: la misma encuesta confirma el negativo, ya histórico, del Congreso (84 %), los partidos (86 %) y el sistema judicial (86 %). Por su parte, un 84 % considera que la corrupción está empeorando (en el gobierno anterior llegó a 92 %).  Aún así, un 55 % de encuestados se manifestaban en octubre satisfechos con lo que pueden “comprar y hacer”; una cifra, curiosamente, similar a los niveles históricos de participación electoral, reducidos pero más que aceptables para cualquier democracia sin voto obligatorio.

Debemos reconocer, que como secuela de narcotráfico y  corrupción, afrontamos  un proceso de desinstitucionalización que ha pretendido acentuarse con el paro, con solicitudes para desconocer las responsabilidades constitucionales de los gobiernos, nacional y locales, y la Fuerza Pública, o las de pasar por encima del ordenamiento legal para “negociar” con fuerzas que representan sectores importantes pero no tienen reconocimiento legítimo para adelantar o resolver reclamos a nombre de toda la población. Desde esa óptica, el paro no ha sido contra Duque sino contra las instituciones y el sistema político. Y nuestra  Constitución, la más progresista de Latinoamérica,  no es negociable, ni para Duque ni para nadie.

El paro nos ha puesto casi un 10 % más pesimistas: en esa proporción aumentó el porcentaje de encuestados que observa  las cosas empeorando desde octubre, un pesimismo del cual fueron también “víctimas” el presidente Duque, quien perdió un 1 % de aprobación, y  el expresidente Uribe, quien aumentó su negativo en cinco puntos, cifra idéntica a la que perdió Gustavo Petro. Además del pesimismo, puede adjudicarse al resurgimiento de la polarización.

Una de las razones, sin embargo, por las que no iremos en la dirección de Venezuela, siguiendo la encuesta, es que la opinión desfavorable de Nicolás Maduro sigue siendo la más alta, con una desaprobación del 96 %.Los colombianos tenemos muchos problemas y pendientes,  y, afortunadamente, pensamos diferente sobre muchos asuntos, pero no queremos el caos ni la dictadura instalados en Venezuela, un “destino”  a donde no debemos conducir, ni permitir llegar, los reclamos sobre innegables derechos de las minorías.

A propósito de inclusión, e intentando un análisis de la explosión inicial, los sectores convocantes del paro no representan, salvo por los jóvenes y el movimiento estudiantil, a los internacionalmente considerados como “excluidos”, o subrepresentados, frente a los cuales tanto la ONU como  la OCDE han solicitado un indispensable ajuste de las normas y reconocimiento: una actualización hacia la democracia inclusiva que supone el reconocimiento de los derechos de las minorías, pero no su imposición sobre los de las mayorías .

Siguiendo con la encuesta, un 62 % considera que las protestas son organizadas por  “sectores políticos de oposición” y un 78 % se manifiesta de acuerdo en que el Esmad actúe para defenderse, saldando, en principio, un debate de moda. ¿Qué tal el país sin policía y en manos de los vándalos? Por su parte, el estilo de “gobierno sin mermelada”, inaugurado por el presidente Duque, ha convertido en oposición, en la práctica, a casi todos los sectores políticos, incluidos algunos del Centro Democrático, lo que le ha restado gobernabilidad y garantizado eco a las protestas.

A estas alturas, preparándonos para fiestas, natillas y buñuelos, la amenaza del paro se deja ver como una sombra que puede oscurecer el panorama de Colombia en 2020. Tenemos problemas para resolver, comenzando por la erradicación de la corrupción y la revisión de un modelo de inserción en la economía mundial, fundamentado en la producción de hidrocarburos, pero, pese al paro, debemos promover en 2020 el debate público sobre un régimen pensional inviable e inequitativo y  la escasa competitividad del país, como consecuencia de un obsoleto y estrecho régimen laboral. No hay razones para tenerle miedo a esos debates. No estamos, todavía, en la Venezuela de Maduro.

@herejesyluis

Posdata. Me pareció extraña la solicitud del comité de paro para presentar sus reclamos en televisión. La verdad es que abrieron  todos los noticieros y algunos de ellos, en un ejercicio democrático, han parecido, incluso, como convocantes de las protestas repitiendo sitios de movilización, horarios y, por supuesto, anunciando  las “principales atracciones”, desvirtuando, de paso, que tengamos en Colombia un gobierno autoritario.

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Paro: ¿Como Venezuela?

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