Por: Luis Carvajal Basto

Paro: ¿Populismo a la vista?

Desde el punto de vista del análisis, diferente a la opinión apasionada, lo más notorio en la jornada fue la manera, inédita para los colombianos, en que las redes fueron capaces de crear una agenda “asumida” por los medios, generando una percepción de zozobra extendida  como virus. Una característica que definirá  la política en los años venideros. Llegaron los “cacerolazos” y veremos nuevas formas de expresión ciudadana. Con ellos se renovarán, lamentablemente, el oportunismo y mala política.

Siendo noticia, el paro además fue un evento de televisión con transmisión en directo desde diferentes ciudades. El gobierno nacional, y los gobiernos locales, contrario a lo que muchos afirman, no solo permitieron las marchas, sino su promoción, protección  y difusión, no tan espontánea, como se pudo ver en Cali. En Bogotá, por ejemplo, los carros no salieron, una vez extendida la percepción de que algo grave podía pasar. Los noticieros abrieron, desde los días previos, con el paro. ¿Fueron las demandas de los convocantes comparables con esa sensación de zozobra? En apenas horas pasamos de percepción a realidad.

La protesta ciudadana en Colombia, comparada con lo observado en Latinoamérica y Europa, indica que, teniendo tanto en común, se trata de realidades diferentes. El “efecto demostración” de lo ocurrido allí, amplificado, primero por las redes y luego por los medios, fue suficiente  para poner un hito y dejarnos ver demandas de sectores que no encuentran expresión por los canales habituales, pero también que el país rechaza los extremismos. Las acciones vandálicas fueron excepción, siendo condenadas desde las mismas movilizaciones.

Los motivos del paro dejan ver una “complicación de males”  no tanto “del gobierno Duque”, como tituló El País desde España, sino del sistema político, lo que lo conecta con lo ocurrido en otras partes del mundo.

La violencia contra líderes sociales, todos  sabemos, se relaciona más con el narcotráfico que con acciones deliberadas del gobierno o las instituciones y, por supuesto, existía con anterioridad al actual gobierno; financiaba y financia la guerra; las demandas en  educación siempre tendrán capacidad de convocar al movimiento estudiantil, aunque la cifra de gasto público en esa área resulte incontrastable; y unas eventuales reformas al régimen laboral y de pensiones, sin ninguna duda, merecen, a pesar del paro y los que vengan, debatirse.

Es diferente que el gobierno no hubiese presentado esas reformas, lo  que, en buena parte,  promovió las movilizaciones, a  que el país no las necesite. Quienes por principio se oponen a ellas, se reconocen como privilegiados y solo tratan de proteger sus prerrogativas frente al resto de la sociedad. La pregunta latente es si se seguirán utilizando para promover más movilizaciones, abriendo camino a una propuesta populista en 2022.

A propósito de populismo, vale considerar que resulta, en democracia, tan indeseable como inevitable, mucho más en un régimen político que, en todas partes del mundo, sigue sin acoplarse a nuevas realidades producto de las transformaciones tecnológicas. Si pudimos constatar, inicialmente, una ruptura entre democracia y globalización, asistimos a  otra entre democracia y sociedades digitales. Mientras estas se digitalizaron, y con ellas  la economía, el comercio, el arte y las ciencias, no ha ocurrido lo mismo, ni al mismo ritmo, con las instituciones democráticas. Aprovechando esa disrupción, o anomia, el populismo, de izquierdas o derechas, gobierna en diferentes latitudes o se prepara para hacerlo.

Lo ocurrido con el paro, inevitablemente, hace recordar al referendo anticorrupción que perdió la consulta, pero proyectó a Claudia López a la Alcaldía de Bogotá. ¿Pasará lo mismo con los paros  y una protesta dirigida desde las redes? Toca seguir escuchando a la gente, como reconoció el presidente Duque, puede añadirse, y actuando a través de políticas públicas, para anticiparse al fantasma del populismo y actualizar nuestras instituciones.

@herejesyluis

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