Por: Carolina Botero Cabrera

Parodia necesita el 001, pero ajustado

El proyecto 001 de Cámara ha sido esencialmente un gesto de buena intención, que ha ido socializándose sólo con algunos de los beneficiarios y, por tanto, mantiene propuestas restrictivas e insuficientes.

En el caso de bibliotecas y discapacitados, su intervención viene modificando apartes de su interés. Aunque insistimos en que no aborda todas sus necesidades, reconocemos que introduciría excepciones esenciales, no ya para nuestro futuro, sino para nuestro presente. Legaliza bibliotecas reconociendo el préstamo público, mejora el acceso al conocimiento de discapacitados y, si la Ley Lleras 2 estuviera vigente, la excepción de copias temporales sería básica para que Internet o ver videos en el computador no fuera ilegal. Ahora intervienen los parodistas, perfecto!

Respecto de parodia, algunos dicen que el proyecto la hará ilegal, a decir verdad esa es la situación actual, el proyecto intenta arreglarlo, pero no acierta.

Los grandes protagonistas de la parodia (como la Luciérnaga) pagan licencias a entidades como SAYCO, que posiblemente incluyen autorizaciones para parodiar obras musicales de su catálogo, por tanto para eso no necesitan, en estricto sentido, la excepción. Sin embargo, para parodiar no se usa sólo música de SAYCO, se usa lo que necesiten, así, Vladdo también interviene afiches de películas. El tema es que la crítica social, política, cultural que supone parodiar no acepta pedir permiso como regla para ser legal, la excepción es la que garantiza esa libertad de expresión de todos por todo y las condiciones deben ser razonables.

En la práctica, incluso si la licencia no se los permitiera, difícilmente alguien demandaría a tales protagonistas, dada su capacidad mediática. Son comediantes desconocidos y ciudadanos del corriente que parodian quienes están en mayor desventaja: les llegan cartas de cese y desistimiento y sin recursos para defenderse, ni excepción que los ampare, desisten (he documentado casos. Cuéntenme si conocen otros).

La parodia es mecanismo de libertad de expresión que, sujeta por ley a autorización o pago obligatorio, equivale a censura. El proyecto no cambia esa situación actual, incluye restricciones innecesarias e incompatibles con la libertad de expresión. Creo que pedir que la parodia se diferencie de la obra original, ley chilena, bastaría para abordar razonablemente preocupaciones de algunos autoralistas.

 

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