Por: Alvaro Forero Tascón

Partidos dormidos

Aún es temprano para ensillar las bestias, es cierto, pero se le está haciendo tarde al sistema político clientelista para darse cuenta de que bajo el puente corren aguas caudalosas.

Con el solo inicio del proceso de negociación con las Farc se generaron unas inercias de cambio político que se acelerarían con la firma eventual de un acuerdo de paz.

Esos cambios son el surgimiento de fuerzas no clientelistas que van a reducirles el espacio electoral e ideológico desde la derecha y desde la izquierda, en las elecciones presidenciales, pero especialmente en las legislativas. Una es el neopopulismo anti-Farc del expresidente Álvaro Uribe, que, a diferencia del pasado, ya no va a estar al servicio de partidos como la U, Cambio Radical y el Conservador, sino en su contra. Y otra es una nueva izquierda que sin la mordaza de la violencia política empezará a reproducir la inercia de América Latina que el conflicto interno ha frenado en Colombia.

Uribe va a introducir un elemento muy positivo en las elecciones legislativas: multiplicar los votos de opinión, que van a pasar de cientos de miles a millones. Las elecciones legislativas han tenido dos limitantes electorales que las desnaturalizan: que el voto clientelista supera por diez veces el voto de opinión y que el voto de izquierda ha estado ahogado por la violencia.

La nueva izquierda está apenas en nacimiento y tiene muchos escollos que superar, pero empieza a tener viento favorable. Hay una conjunción de factores en su favor, como el oposicionismo efectivo del senador Robledo, el ascenso en las encuestas de Antonio Navarro, el espacio abonado para una tercería, una eventual lista parlamentaria atractiva para los sectores urbanos jóvenes y una eventual victimización de Gustavo Petro por parte del extremismo ultraconservador.

Sería un error que las fuerzas políticas tradicionales mantengan el escepticismo frente al eventual éxito del proceso de paz, porque si éste se da, quedarán por fuera de un oleaje político que no dará tiempo de reacción. Los partidos políticos de la Unidad Nacional tienen en el proceso de paz un instrumento histórico para defenderse y relegitimarse. Pero para eso no pueden limitarse a tramitar legislativamente las solicitudes del presidente, sino jugársela a fondo por el proceso, de manera que, si tiene éxito, el país reconozca que fue un logro del sistema político en su conjunto. La opción de no tomar riesgos y atrincherarse en el clientelismo para resistir el chaparrón puede ser un error fatal, porque le cede a la izquierda la bandera de la paz en las elecciones de Congreso. Antonio Navarro de candidato presidencial, y una lista al Senado encabezada por Claudia López, se comprometerían a fondo por la paz, con convicción legítima y para posicionarse como los verdaderos adversarios de Álvaro Uribe y sus listas, dejando a los partidos de la Unidad Nacional desconectados de un eventual referendo por la paz.

El tema de las reformas al sistema político que se acordó en La Habana es muy popular entre los ciudadanos, y los partidos se lo están dejando a las Farc y al uribismo. Una vez cierre Uribe su fase de seducción del Partido Conservador, reasumirá la demoledora bandera contra la politiquería con que derrotó al bipartidismo en 2002.

 

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