Por: Daniel García-Peña

Partidos en pedazos

Se aclara el panorama de las candidaturas para las elecciones de octubre próximo, pero se evidencian unos partidos políticos cada vez más fragmentados, antidemocráticos e incoherentes.

El Partido Liberal, uno de los históricos, que nació del laicismo y hace dos años expulsó a Viviane Morales por sus posiciones retrógradas frente a los derechos LGBT, hoy tiene como cabeza de lista al Concejo capitalino a una pastora cristiana. Por otra parte, a pesar de haberse opuesto a Uribe desde 2002 y defendido con ahínco los acuerdos de La Habana, se alía en Bogotá y en buena parte del país con el uribismo.

El Centro Democrático, el más significativo de los “nuevos partidos”, se ha caracterizado por su ideología de extrema derecha y su postulado como una opción a la politiquería clientelista (nada de mermelada, según Duque). Pero, en realidad, se está reacomodando como un partido tradicional más. En Bogotá, sin procedimiento transparente, dejó colgada de la brocha a la hija de Angelino y optó por el nieto de Turbay Ayala, apoyado por las habituales maquinarias.

El Partido Conservador, el otro histórico, hace rato perdió su identidad, al quedar descolocado desde la derecha por Uribe, más godo que Laureano. En Cambio Radical, Vargas Lleras logró neutralizar el intento de golpe por el clan Char, pero sin discusión ideológica o programática alguna. El Partido de la U, desde que la “U” dejó de ser la de Uribe, no se sabe qué visión representa. Y Colombia Renaciente, el más nuevo de todos, es aún solo una personería jurídica arrebatada a los afros, que sirve de escampadero para algunos exministros santistas.

Desafortunadamente, por el lado de los llamados alternativos, la cosa no está mejor. Es muy diciente que ninguno de los líderes más significativos —Gustavo Petro y Sergio Fajardo— pertenezca a un partido. Para los requeridos avales, debieron arrimarse a los existentes: Petro a la UP y el MAIS y Fajardo a la Alianza Verde. Pero en vez de contribuir a fortalecer las estructuras partidistas, ambos parecen alejarse.

En el caso de Petro, al priorizar el metro subterráneo por encima de la violencia de género, le dio una cachetada a un importante sector de Colombia Humana, empezando por Ángela María Robledo, asunto que no se resuelve con encabezar la lista al Concejo con mujeres, por más respetables y cualificadas que sean. Más allá de las consecuencias políticas y electorales, las decisiones se tomaron de manera unipersonal e inconsulta, desconociendo los procesos colectivos, generando rupturas también en lugares como Valle del Cauca y Cartagena.

En el caso de Fajardo, en vez de profundizar las relaciones con los verdes, en términos generales se distanciaron. En Antioquia y Cali, los candidatos de Compromiso Ciudadano se enfrentan a los verdes, que pueden ser los grandes ganadores en octubre, aunque sí se logró acuerdo con Claudia López en Bogotá. También ha quedado en entredicho la Coalición Colombia, materia de debate interno en el Polo.

La política a nivel departamental y municipal es muy distinta que en el ámbito nacional y en las elecciones regionales priman factores locales. Los avales se dan a nivel nacional, pero es ahí en los territorios donde se constituyen en la práctica las estructuras partidistas.

La crisis de los partidos no es exclusividad nuestra. En Inglaterra, cuna de los partidos, de donde nuestros liberales y conservadores tomaron sus nombres, en la actualidad, los tories y los laboristas están vueltos chicuca a causa del brexit. En Francia gobierna un movimiento creado pocos meses antes de las elecciones, que arrasó con los republicanos y socialistas que venían gobernando desde la Segunda Guerra Mundial. En EE. UU., Trump consolida la toma del Partido Republicano sobre el cadáver del establecimiento, mientras que el Partido Demócrata se disputa entre moderados y socialistas.

El hecho de que los partidos estén en dificultades y transformándose es señal de una crisis mucho más honda de la democracia representativa. Por ello, no se trata de revivir a los partidos sino reinventarlos, para que efectivamente cumplan el rol indispensable en la articulación de las diversas visiones, demandas e intereses de la ciudadanía para la conducción democrática del Estado.

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* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y director de Planeta Paz.

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