Por: Rodolfo Arango

Partidos en transición

Bueno es aceptar que las organizaciones políticas nacen, evolucionan y mueren como otros organismos. El cambio, lento o acelerado, es su constante.

 La fluidez partidista refleja la incertidumbre reinante en Colombia y en el mundo respecto al reparto de recursos escasos en forma justa, sostenida y sostenible. En el ámbito local vale la pena vislumbrar posibles escenarios, puesto que las decisiones que adopten los regentes en materia de paz o guerra, educación, agricultura, salud o pensiones, afectarán nuestras vidas y las de futuras generaciones. Mala idea es en la política esperar la llegada de un salvador. Nada reemplaza aún a los partidos políticos.
La recomposición partidista con umbral del tres por ciento arrojará un panorama algo diferente al actual. Con las tendencias de hoy, subsistirán cinco partidos: el Liberal, la U, el Conservador, el Uribe-Centro y el Polo Democrático, en ese orden de votación. Tendidos en el camino podrían quedar Alianza-Verde, Cambio Radical, Mira, ASI y otras iniciativas ciudadanas con deseos pero sin fuerza ni estructura. En ese escenario, las coaliciones para asegurar la gobernabilidad también serán una constante del sistema político. Momento propicio para pensar en institucionalizar los contratos de coalición que existen en regímenes parlamentarios.
Independientemente de su suerte, Santos se convertirá en jefe natural del Partido Liberal. Sólo él habría podido unir de nuevo a gaviristas, samperistas y vargas-lleristas bajo la carpa roja. La fachada de los segundos permitiría ahondar las políticas neoliberales de César Gaviria y Rudolf Hommes. Santos es la tercera vía o maquillaje social de los neoliberales repotenciados. Gracias a un acuerdo sucesoral conveniente para todos, Cambio Radical morirá sin pena ni gloria.
El Partido de la U sólo existirá mientras el expresidente Uribe viva. Pese a su cercanía al Gobierno con suculenta mermelada, la U sufrirá con la deserción hacia el centro auto/democrático y el liberalismo. Algo similar podría suceder a los conservadores. Los hermanos godos, gracias a sus estructuras regionales, sobrevivirán en el Congreso al desierto de liderazgo por el que transitan. Los dos casos que más atraen la atención son, por supuesto, el partido de Uribe y el Polo Democrático Alternativo. La diferencia derecha e izquierda sigue vigente por reflejar ideas e inclinaciones diferentes sobre autoridad, justicia y sociedad.
El partido de Uribe juega su carta hegemónica y autocrática en representación de sectores ilegales y legales de dudosa moral. La mezcla precisa de terror, emoción y religión se adecúa a una cultura premoderna. El Polo Democrático, por su parte, superará el umbral, pese a errores cometidos por miembros ya excluidos del partido, porque su fuerza radica en representar a sectores golpeados por el mal gobierno y a poblaciones excluidas. Pero su futuro enfrenta grandes y oscuros nubarrones: deberá concurrir con o competir a otras agrupaciones políticas emanadas de un aún posible exitoso proceso de paz.
Quienes se apresuran a decretar la muerte a los partidos tendrán que aplazar por ahora sus deseos de más y mejor democracia. Las manifestaciones, movilizaciones y expresiones ciudadanas son del todo bienvenidas porque, como sabemos, la democracia no se agota en lo electoral. Pero nuestros destinos, querámoslo o no, sí dependen en buena parte de los resultados en las urnas.

 

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