Por: Humberto de la Calle

Partidos piyama

Aunque la piyama es un buen invento, es una prenda de la cual uno se despoja para su vida ordinaria. Pues lo mismo ocurre con nuestros maltrechos partidos políticos.

Están ahí, pero eso nada tiene que ver con el voto. Es un enigma que demuestra que han sido vanos los esfuerzos para darle algo de seriedad a la política.

La encuesta de antier en Bogotá, hecha por Ipsos, así lo demuestra.

Mientras el Partido Liberal es el mayoritario, con un 18% de afiliación, su candidato, el doctor Luna, pese a una campaña ejemplar, sólo recibe el 4% de intención de voto. Cambio Radical apenas clasifica con el 3% mientras Galán, que acumula un gran futuro en sus manos, obtiene tres veces más en intención de voto: 9%. Del Partido Conservador, ni hablar. Tenía un 9% el ocho de octubre y ahora ha pasado al 5%. No tiene candidato y padece una seria crisis de identidad. Un 25% piensa votar por Peñalosa y un 21%, atérrese usted, por Petro. ¿Es ese un verdadero partido? ¿Hay allí ideología?

Lo del Polo es patético, aunque un poco menos ilógico. Del 8% de afiliación en agosto, ha bajado al 4%. Su candidato tiene una intención de voto del 0%. Pero, obviamente, Petro recoge las banderas: el 67% de sus votantes viene de allí. El Partido Verde tiene una afiliación del 6%, pero sus votos nutren no sólo a Peñalosa, sino a Gina y a Petro. Y el Partido de la U distribuye sus votos casi por igual entre Peñalosa, Gina y Galán.

En fin. La disputa en Bogotá la decidirán votantes que se les han rebelado a sus partidos o que carecen de él. Gina es independiente; a Peñalosa lo apoya una coalición, pero recibe 17% de votos liberales y 25% conservadores. Y Petro fue inscrito por un movimiento nuevo.

El problema no es de leyes. Colombia es el campeón mundial en regulaciones sobre los partidos. Tenemos de todo: sanciones por avales mal concedidos, examen previo de inhabilidades, penalidad por transfuguismo, pérdida de investidura por violación de normas electorales, unidades Uriel —una especie de bloque de búsqueda contra delitos electorales—, examen dactiloscópico, anulación por trasteo de votos, rendición anticipada de cuentas. Cada que voy a foros internacionales, Colombia gana el campeonato superolímpico de reglamentaciones. Casi que hemos llevado la política a una jaula de oro. Pero jaula al fin y al cabo. ¿Y el resultado? Muy poco. Eso sólo se resolverá en términos de cultura política, seriedad en los planteamientos, educación democrática. El proceso es lento y arduo.

Entre tanto, tradicionalmente los “sin partido” habían disminuido con la proximidad de los comicios. Ahora está pasando lo contrario: no tenía partido el 32% de los encuestados en agosto. Y la cifra ha subido al 37%. Si a esto se agrega el número de indecisos en todo el país (19% en Bogotá, 25% en Medellín, 31% en Cali y así en todas partes), la fragilidad es aterradora y crea un escenario propicio para que bandas armadas capturen la política, que es lo que ocurrirá en muchos sitios.

Si la política es de personas y coyuntura, ¿no es el momento para que Galán y Luna piensen en una alianza con Peñalosa? Lo que hicieron, ya se hizo. En vez de cuidar una estructura volátil, lo que les conviene es cuidar el gesto. No sería bueno que ante el inminente triunfo de Petro, ellos asuman una gran porción de responsabilidad.

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