Por: Columnista invitado

Partidos políticos y candidaturas

Un fantasma recorre a Colombia: el fantasma de la ausencia de candidatos de importantes partidos políticos, como el Liberal, el Conservador, Cambio Radical, el PIN, entre otros.

Por definición, el desafío de un partido político es la conquista del poder para adelantar los objetivos de su proyecto de sociedad.

Lo que sorprende es que en Colombia, con un sistema electoral a dos vueltas, los partidos políticos tradicionales no posicionen sus proyectos, plataformas y programas políticos de sociedad, a través de la postulación de sus propios candidatos a la presidencia de la República. Más sorprendente aún es que se plieguen al candidato más opcionado sin conocer aún el alcance de su nueva plataforma.

La virtud del sistema electoral a dos vueltas, consiste en que en la primera de ellas se pueda dar a conocer tanto el candidato como las principales iniciativas que el partido ha acogido y aprobado en el seno de sus respectivas convenciones o congresos ideológicos, bajo el entendido de que si no alcanzan los resultados electorales para disputar la segunda vuelta, tengan la opción de unirse al primero o al segundo de los candidatos, en medio de una estrategia de negociación programática y de la participación en el gobierno del eventual ganador. Es más, una vez surtidas las elecciones, como en Alemania, luego de casi un mes de negociaciones, el pasado 27 de noviembre se suscribió un acuerdo de gobierno de coalición entre Ángela Merkel y el Partido Socialdemócrata para tener la mayoría en el parlamento.

Es decir, la postulación de candidato y la difusión de las banderas de los partidos en la primera vuelta, no tienen pierde, pues si bien se avanza en ambos aspectos, también se aumenta la capacidad negociadora ante la ausencia de una mayoría en cabeza de los dos primeros contrincantes, que tienen la necesidad de adelantar una coalición para la obtención de la mayoría, en la segunda vuelta. Al no presentar candidato y plegarse, es como aceptar una derrota por anticipado. Máximo cuando varios pequeños partidos van a desaparecer ante la imposibilidad de pasar el umbral del 3%.

Además, y más grave aún, es que plegarse a un candidato de otro partido antes de las elecciones tiende a desintitucionalizar los partidos, pues tal como sucede en la actual coyuntura el candidato más opcionado podría, por encima de las jerarquías de los partidos, incorporar a su equipo de campaña a altos cuadros de los mismos, sin consultar a sus directivas, en medio de los juegos políticos más insospechados, pues dispondría de las huestes de éstos de manera anárquica.

En otras palabras, las directivas de los partidos están expuestas a que sean desbordadas permanentemente por las decisiones del candidato más opcionado, las cuales obedecen a sus propios intereses y a los de su partido y no a los de la colectividad que firmó, prácticamente, un contrato de adhesión sin condiciones, pues la convocatoria de algunos de sus miembros es diferente a la del partido en su conjunto y, en consecuencia, de una negociación de coalición de gobierno. En palabras del expresidente López Michelsen, “se estaría tratando al partido como a una montonera”.

Tan solo para ilustrar estos argumentos basta mencionar que el Partido Liberal, por ejemplo, abandonó la urgente iniciativa de una reforma constitucional para hacer coherente la Constitución de 1991, que estaba diseñada para períodos presidenciales de cuatro años, con la reforma del artículo 197, que estableció la reelección presidencial inmediata. Estamos ante una estructura de poderes públicos desequilibrada y ante una organización institucional inequitativa.

Algo similar ocurre con las propuestas que requiere el país para superar problemas estructurales como salir del caos de la rama jurisdiccional, del delicado fallo de la Haya y la pérdida de 75000 km2 en el archipiélago de San Andrés, de la fallida reforma de la educación superior, de la problemática de la tenencia de la tierra, de la aguda declinación de la industria, de la encrucijada del sector agropecuario, entre otros. La campaña política no puede centrarse exclusivamente en el proceso de paz, pues independientemente de los avances que se han logrado, con negociación o sin ella, el país tiene que seguir andando, la democracia se debe seguir profundizando y la inequidad económica se debe seguir erradicando.

Es evidente que es un gran error para la democracia colombiana y para la calidad de la gobernabilidad que importantes partidos políticos se abstengan, por decisión propia, a presentar candidatos a la Presidencia de la República y a defender sus programas e iniciativas. ¿O será que ya se adelantaron negociaciones individuales tras bambalinas?
 

Por: Jorge Bustamante*
 

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