Por: Luis I. Sandoval M.

Partidos y candidaturas

Las elecciones del 14 de marzo son un indicativo importante de la presencia de los partidos en la opinión, pero no son el dato definitivo sobre la suerte de los candidatos presidenciales.

Es sabido que en Colombia se da el fenómeno de candidatos a la Presidencia de la República que tienen más votos que su partido. No obstante mirar los partidos a través de los resultados de las parlamentarias del domingo pasado forma parte de un ejercicio orientador. En estos resultados tenemos una radiografía bastante fiel de los partidos al término del mandato de Álvaro Uribe.

Varios elementos pueden destacarse. Lo primero es que continúa el cambio del paisaje político en el sentido de que se fortalece un sistema pluripartidista (cerca de 15 partidos). Nos alejamos del bipartidismo liberal conservador, pero también del multipartidismo desbocado (80 partidos) que se manifestó en la década siguiente a la Constitución de 1991.

Ahora hay claramente identificados partidos de derecha, partidos de izquierda y partidos de centro. Si en las elecciones de alcaldes y gobernadores de 1999 y 2003 el impacto fue la superación de la marginalidad de la izquierda, lo que se llamó el shock de la izquierda democrática, con la elección de Lucho Garzón a la Alcaldía de Bogotá, y luego la excelente votación (2.6 millones) de Carlos Gaviria en mayo de 2006, en estas elecciones parlamentarias la novedad está constituida por el surgimiento de un partido claramente de centro, el de los Verdes, liderado por los tres exalcaldes de Bogotá, uno de los cuales, Antanas Mockus, ganó la consulta interna para Presidente y cinco senadores salieron elegidos de la lista verde.

Mayor fuerza tendría este fenómeno de la incursión orgánica del centro si la votación hubiera sido también favorable a la Selección Colombia de Sergio Fajardo.

Los partidos de derecha son los que aparecen más fortalecidos: el Partido de la U y el Partido Conservador. Este último muestra un repunte impresionante debido a la combinación de acumulación burocrática con modernización operativa, y a que tiene el empeño de jugarse una carta propia con reglas de juego definidas para los aspirantes. No corre con la misma suerte Cambio Radical que queda por debajo de las expectativas creadas recientemente. No resultó creíble su discurso de uribismo sin Uribe materializado en la frase “mejor es posible”.

Otros partidos menores representan facciones no despreciables del uribismo, entre ellos están el PIN y Mira. El PIN es un partido nuevo originado en Convergencia Ciudadana, Apertura Liberal, ADN y otros grupos, vinculados con el paramilitarismo en el escándalo de 2007.

Lo más sobresaliente del proceso político es que la continuidad de la Seguridad Democrática no está ya en una sino en tres cabezas: Juan Manuel Santos, Noemí Sanín y Germán Vargas Lleras. Esto es, el uribismo, aunque es mayoría, está profundamente dividido, eso parece.

Otro rasgo del paisaje político: todos los partidos son minorías, el Partido de la U, el más crecido, escasamente pasa el 25 % de la representación parlamentaria y de los votos ciudadanos. Quiere decir que la carrera a la Presidencia solo se define según la amplitud de los entendimientos. La estrategia es constituir una mayoría mediante un bloque de minorías.

Juan Manuel Santos trata de formar una coalición triunfadora con el Partido Conservador o con pedazos de éste y con los otros partidos uribistas menores así tengan presencia paramilitar. Puede ocurrir que hagan en su contra la coalición. O que la haga el Partido Conservador  con otros, o que las fuerzas no uribistas se atrevan a última hora para intentar el paso a la segunda vuelta. 15.03.10

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