Por: Isabel Segovia

“Pasa de todo, pero no pasa nada”

Luego de dos años de escribir esta columna quise reflexionar sobre este ejercicio. Un gran privilegio opinar y ser leída, pero a la vez un compromiso que exige estar conectado con la realidad que a veces preferiría evadir. Buscar el tema es lo más difícil. Este país siempre da de qué escribir, pero pasan tantas cosas y son tan descorazonadoras, que es duro escoger y es natural la resistencia a involucrarse.

Basta referirse a lo sucedido en las últimas dos semanas para entender por qué la tarea es tan compleja. Primero quise escribir sobre los nuevos desaciertos de Paloma Valencia en sus declaraciones, cuando se refirió a Dilan Cruz como un vándalo. Un joven asesinado por la fuerza pública, uno más, como los bombardeados por el Ejército en Caquetá, y a la senadora lo único que se le ocurrió fue tildarlo de rufián. País de líderes indolentes. Con el tema escogido, recibimos la noticia de que el Ejecutivo se mantiene en pasar la reforma tributaria sin cambiarle ni una coma, negociando con los de siempre en el Congreso para lograrlo; reforma que, como ya sabemos, brinda excesivas exenciones tributarias que no contribuyen a reducir la inequidad. Pero tranquilos, que, a cambio, para superarla el Gobierno dará tres días sin IVA.

En medio de esto, aparece la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, promoviendo en Twitter la etiqueta: #NoPudieron. ¿Verdad? ¿La persona que mejor lectura debería tener de lo que está pasando considera que esta es la mejor forma de bajar la tensión? Esto demuestra nuevamente cómo este Gobierno no está entendiendo nada. Siento decirle, ministra, que están pudiendo. Y desde ese mismo absurdo planeta, la Policía dice que a los vándalos les pagan $6 millones por ir a protestar. Lástima no saber quién es el empleador, pues esa sí sería una buena política de generación de empleo. También consideré escribir sobre las reuniones del Ejecutivo para llegar a acuerdos nacionales y aminorar las protestas. Comenzaron con los empresarios, que son los únicos que seguramente están complacidos con Duque, para continuar en mesas por temas con los expertos de siempre (viejos, diría en un mensaje Jorge Orlando Melo), escogidos a dedo, que no representan a los jóvenes ni entienden su insatisfacción. Finalmente, después de haber perdido mucho tiempo, se sientan con el Comité del Paro, con el cual no han logrado avanzar porque el Gobierno sigue desconectado, gobernando para un viejo país que ya no existe.

Los sucesos de las últimas semanas no tienen fin. Además de los ya citados, se podría también escribir sobre la estruendosa pérdida de popularidad de Uribe, maravillosa consecuencia de lo que está pasando; o sobre la extraordinaria campaña “El violador eres tú”, nacida en Chile; o la desafortunada ley Andrés Felipe Arias que se tramita en el Congreso; o las nuevas arbitrariedades de la Policía y el Esmad, como la que sucedió en el aeropuerto El Dorado. Finalmente pensé en referirme a la polémica alrededor de las caricaturas del presidente, como si lo grave fueran los dibujos y no que su incompetencia haya convertido a la institución misma en una caricatura. Siempre hay de qué escribir, pero escoger el tema e involucrarse frecuentemente es difícil. Así es el país del Sagrado Corazón, decía mi abuelo, “donde pasa de todo, pero no pasa nada”. Guardo la esperanza de que esta vez sí va a pasar.

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