Iván Duque: así fue su histórico triunfo en las elecciones presidenciales

hace 46 mins
Por: Antonio Casale

Pasa y pasa, y no deja de pasar

¿Por qué será que nuestros deportistas siempre se hacen más grandes frente a los toros bravos, y presentan exceso de confianza frente a los toros mansos? Sucede así casi siempre con la selección colombiana de fútbol. Nuestras mejores presentaciones son frente a Argentina, Brasil o Paraguay, pero cuando nos toca darle la estocada a Bolivia o Perú, normalmente nos queda faltando un centavo para el peso.

Y es ahí donde se ganan los puntos más importantes, ya Chile venció a Bolivia claramente en La Paz, donde, al igual que en la clasificatoria pasada, casi todos vencieron el mito de la altura, menos Colombia, claro está. Ya Perú está entregado, lo estaba antes del juego con Colombia, e incluso después del gol de Hugo Rodallega, no quería saber nada del partido, lo dejamos resucitar. Las selecciones que aspiren a ir al mundial van a arrancarles los tres puntos a los Incas en Lima, no me cabe duda.

Pero la selección de Colombia no. Nosotros basamos nuestra clasificación en lo heroico, ganarle a Argentina como efectivamente sucedió, buscar empatar con Brasil allá, que ya se ha logrado. Ganarle a Paraguay en Asunción, también se ha hecho. Lo que pasa es que son rivales más difíciles, y los puntos logrados frente a ellos casi nunca son los tres, y así las matemáticas no alcanzan.

El filo de la navaja

Es una cuestión de actitud, de idiosincrasia, así somos, así vivimos el día a día en un país acostumbrado a estar en el filo de la navaja, caminando sobre la delgada línea que divide la victoria final, de la derrota. Nuestra selección, fiel reflejo de nuestro diario vivir, debería servirnos como espejo para que aprendamos a afrontar cada reto como si fuera el más importante, independientemente de la facilidad que aparentan ciertos obstáculos.

Hay equipo, hay técnico, hay jugadores, pero tenemos que aprender todos, incluso los que hacemos parte del entorno, que no hay rival fácil, y por lo tanto, a todos hay que jugarles los noventa y seis minutos como si fueran Argentina o Brasil. Porque como dijo mi compañero de transmisión el sábado anterior, “no hay nada más peligroso que un bobo careado”, como lo fue al final la selección de Perú.

Menos mal Ecuador llega en ascenso y es un toro muy bravo, de esos que le vienen bien a la selección de Colombia.

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