Por: Mauricio Botero Caicedo

Pasabocas y entremeses

LOS REPRESENTANTES demócratas norteamericanos ordenaron el ‘congelamiento’ del Tratado de Libre Comercio con Colombia. Entre las razones que invocaron los políticos para su decisión es la protección de los sindicalistas, invocación que mereció el aplauso de los líderes del Polo Democrático en Colombia. Lo que no parecen entender nuestros dirigentes izquierdistas es que evidentemente los representantes demócratas están inmensamente preocupados por los sindicalistas… pero no los nuestros, sino los de ellos. Es más, los nuestros les importan muy, pero muy poco.

A través de la historia, los demócratas estadounidenses han sido representantes de los trabajadores, un factor escaso; y de los agricultores, un factor abundante. Los demócratas fueron amigos del libre comercio, mientras que los republicanos eran adversos. A medida los factores se invirtieron, es decir, que los trabajadores adquirieron importancia y los agricultores pasaron a ser sólo el 1% de la población, los demócratas se volvieron más proteccionistas, siendo los republicanos hoy en día los abanderados del libre comercio. La verdad es que los representantes demócratas no quieren aprobar el Tratado: El Polo, arrogante, cree que su campaña en contra tiene hundido el TLC, cuando lo único que lograron fue darles en bandeja de plata a los demócratas la excusa para congelarlo.

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La naturaleza aborrece el vacío. Mientras que exista demanda por un servicio, especialmente un servicio público, aparecerá la oferta. Si los buses, las busetas o los taxis no están en capacidad de atender la demanda de transporte, especialmente a los barrios más alejados, alguien necesariamente sí lo va a hacer. Y de esta demanda insatisfecha nace el fenómeno del mototaxismo.

Durante varios lustros el Ministerio de Transporte se negó a considerar el mototaxismo con la peregrina idea, similar a la del avestruz, que si escondía la cabeza en la arena, el problema desaparecería. En septiembre de 2006 finalmente declaró ilegal el mototaxismo, prohibición inocua, ya que desde esa fecha los mototaxis se han duplicado.

En Brasil y  Perú, y en prácticamente toda el Asia, funcionan legalmente decenas de millones los tricimóviles, que básicamente son motocicletas con dos ruedas en el eje trasero y asiento con capacidad para tres pasajeros.

Si el Ministerio hubiera aprobado y reglamentado los tricimóviles a su debido tiempo, en vez de haber dejado engordar el fenómeno del mototaxismo, otro sería el cantar. Es el precio que el Gobierno tiene que pagar por su pusilanimidad.

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El afán protagónico de doña Cristina de Kirchner, la flamante presidenta de Argentina, no parece tener límites. La gaucha pretende ser la novia en cada boda; el crío en cada bautismo; y el difunto en cada funeral. La felicidad de la señora de Kirchner al colarse, después de una extensa y no menos costosa ronda de compras en el Fauburg Saint Honoré, en la manifestación parisina pidiendo la liberación de Íngrid Betancourt, pone en evidencia el furor pantallero de la argentina.

En el caso colombiano, la señora Kirchner no ve el momento de entrometer su hocico —sin que nadie se lo haya pedido— en nuestra política interna. Contrasta el afán de doña Cristina con la prudencia del presidente Lula del Brasil, quien públicamente ha dicho que él ni su gobierno meten sus narices donde no han sido invitados. Y hablando del Brasil, poco debe haber gustado a Chávez y a Correa, ambos tan prestos a socorrer a los narcoterroristas cuando cruzan sus fronteras, el hecho de que Lula ha afirmado —sin rodeos ni circunloquios— que a los bandidos de las Farc los recibe a bala en el caso de que pretendan violar la frontera con su país.

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