Pasado, petróleo y futuro

El futuro del petróleo no será igual a lo que fue su pasado. Su uso no desaparecerá, pero su importancia relativa está disminuyendo y es tiempo de acelerar su sustitución por otras fuentes de energía menos contaminantes. El planeta está cambiando; las sociedades, los valores y las tecnologías disponibles también.

En el siglo pasado, el petróleo dio origen a enormes fortunas como la de los Rockefeller, a grandes y rentables empresas como Exxon Mobil, Shell, British Petroleum; la extracción y exportación del petróleo generaron riqueza o dependencia económica de muchos países, entre ellos Colombia. Eso está cambiando.

Hablando de visionarios, en el 2008 uno de los Rockefeller dijo: “Exxon Mobil necesita reconectarse con la visión emprendedora y prospectiva de mi bisabuelo”, refiriéndose a  que, así como J. Rockefeller había impulsado el cambio del aceite de ballena al querosene (siglo XIX), era el momento de pasar del petróleo al viento y el sol como fuentes de energía.

En 2014 los Rockefeller anunciaron que uno de los fondos de la familia vendería sus inversiones en combustibles fósiles para reinvertirlas en energía limpia. No eran los únicos. El anuncio reforzaba la iniciativa llamada Global Divest-Invest, que surgió de movimientos universitarios que cuestionaron la inversión de recursos de las universidades en el sector de hidrocarburos y que hoy es una gran red de más de 800 organizaciones y miles de inversionistas privados que han sacado sus inversiones de la industria de energía fósil para invertir en soluciones respetuosas del ambiente, acelerando la transición hacia una economía sin emisiones de carbono. Millones de dólares han cambiado su propósito de inversión.

Así, en 2016, la familia Rockefeller retiró sus acciones de Exxon Mobil Corp. argumentando que la compañía, asociada a la fortuna familiar, había engañado al público sobre los riesgos del cambio climático. Tema que los mismos Rockefeller habían puesto en discusión en la compañía años atrás. Al retiro de los fondos siguieron diversas confrontaciones entre los Rockefeller y Exxon Mobil. Una historia completa de la disputa se encuentra en “Los Rockefeller contra la compañía que los convirtió en Rockefeller” (Wiedeman, R. New York Magazine, enero, 2018).

En línea con lo anterior, si obligáramos al propietario del auto privado a asumir los costos relacionados con la contaminación urbana y el calentamiento global, su uso disminuiría y para el transporte individual migraríamos a la bicicleta tradicional, a patinetas y motocicletas eléctricas. Una investigación de K. Gillingham y otros (Nature, abril, 2020) muestra que si las personas incluyen la totalidad del costo directo que cada propietario asume al poseer un automóvil —costo del auto y combustible más impuestos, reparaciones, depreciación y seguros, que representan el 52 % del costo total—, muchos usuarios optarían regularmente por otras formas de transporte y solo eventualmente alquilarían un auto. De hecho, hoy en Londres muchos millennials pudientes no compran auto privado.

El auto privado genera gran contaminación y un impacto negativo sobre la salud en las grandes ciudades. Hoy se lo cuestiona aún más por su asociación a la dispersión del COVID-19. La contaminación generada por los autos favorece la dispersión del virus, según investigaciones recientes de las universidades de Harvard (Estados Unidos) y Siena (Italia).

¡El futuro del petróleo no será negro, pero la época dorada ya pasó!

 

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