Por: Lorenzo Madrigal

Pasos atrás

MUCHOS PASOS ATRÁS SON LOS QUE está dando el gobierno del país vecino en cultura política, en civilización y en las básicas normas de la justicia y del derecho.

El tragicómico espectáculo que dio la ministra de Penitenciaría, Iris Varela, condenando a las mazmorras del régimen a nadie menos que al presidente elegido, pero no reconocido y, cuando menos, personero de la mitad del país, habla de lo que se ve venir con la dictadura de Maduro, peor aún que la anterior del “eterno comandante”, Hugo Chávez.

Las audiencias populares, las condenas sin fórmula de juicio, cantadas en público y producto del odio, equivalen a revivir el stalinismo o la China de Mao. Ya cree uno ver a Henrique Capriles, el flaco, como aquel hombrecillo, de escasa humanidad, pero magno espíritu, enfrentado a los tanques de Deng Xiao Ping, en la plaza de Tiananmen.

Nunca pensé que lo que había llegado a Venezuela fuera la dictadura comunista de tiempos de la cortina de hierro o del muro de Berlín. Los países de Unasur, socialistas del siglo veintiuno y el recién llegado gobierno de Colombia inclinaron su cabeza ante el monstruo que invadió los predios de la reunión suramericana, para que nadie se atreviera a controvertir su ventajosa y fraudulenta elección.

¿Dónde estaba Santos?, ¿dónde estaba el demócrata? Dolió la patria verlo llegar, por cierto retrasado, a la llamada juramentación del déspota, falsamente democrático, a quien un espontáneo, como de plaza de toros, le sacudió las condecoraciones del Libertador y la bandera del gran país vecino. Y Santos estaba allí y Piedad Córdoba, de corrosca, en primera fila, olvidados de los principios republicanos y de las normas de la civilización política.

El presidente Piñera estuvo en Unasur, pero no se lo vio en la asamblea de diputados. Ya mucho había hecho jurándole armas al cadáver insepulto de Chávez. Santos era otro que no tenía lugar allí, ¿quién lo asesora?, ¿quién es su jefe de protocolo?

Y es de preguntarse igualmente quién o quiénes le aconsejaron proponer la falsa salida de los dos años adicionales de gobierno. No se entiende cómo podría hacerse: por Acto Legislativo, esto es, reforma constitucional, en favor propio otra vez; no, el mismo diría que jamás haría una cosa así: palabra de Santos.

Entonces, acaso pensaba aprovechar el “derecho” a la reelección inmediata (de espurio origen), con la promesa de renunciar en la mitad de ese segundo período. Otra promesa de Santos. Se dirá en ese momento que la paz no acaba de concluir, que la asamblea constituyente apenas va en camino, que todavía no entregan a Simón Trinidad, en fin, que Santos debe terminar su segundo período, al cual tendría todo el derecho. Porque la paz seguirá atada a su permanencia en el poder, tal y como lo dictaminó el hermano mayor en Washington.

 

 

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