El país de las maravillas

Pataleo de ahogados

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Son el mejor (o peor) modelo de lo que no debe hacerse en una sociedad que clama por acuerdos que todos respeten, especialmente aquellos que tienen la misión de hacerlos cumplir.

Ejemplos hay a la orden del día. Como la doble trampa del Gobierno con su día sin IVA: la primera, que preconizó hacerle el quite, vía atajo, al pago de impuestos para cumplir promesas populistas, y la segunda, que aplazó por decreto administrativo el decreto con fuerza de ley que contemplaba la tercera versión de ese embeleco. Cuando la Corte lo eche para abajo ya no habrá nada que hacer. Una cosa es la inviabilidad de una medida que contribuyó al crecimiento del contagio masivo, y otra muy distinta es chapucear caprichosamente en el marco constitucional de manera descarada.

Siguiendo la misma avivatada, la defensa del senador Arturo Char, que debía dar versión libre el 7 de julio por presunta corrupción electoral, logró aplazar para la próxima semana la diligencia, es decir, cuando no interfiriera con su aspiración a la Presidencia del Congreso.

Por el mismo camino, el presidente Duque añade a su televerborrea la decretitis crónica, con más de 115 decretos en lo que tiene que ver con el aislamiento, sin el control de este Congreso remoto. Es decir que se deben cumplir sin que las instancias constitucionales los hayan revisado, sentando un pésimo precedente en el carácter ejemplarizante que las debe acompañar y en el equilibrio de poderes, como dijo en este diario la directora de Dejusticia, Vivian Newman. Lloverán fallos adversos cuando no haya nada que hacer.

¿Con qué autoridad moral pueden reclamar los representantes de los poderes públicos a quienes acumulan multas y procesos jurídicos, a sabiendas de que tarde o temprano llegarán amnistías, vencimientos de plazos o reformas a la medida, que dejarán sin castigo sus contravenciones y delitos?

No será suficiente luego con marchas, investigaciones periodísticas o escándalos; al fin y al cabo, muchos de esos dirigentes aprendieron a nutrirse de ellos para darse a conocer. Pero, sobre todo, no pasarán de ser patadas de ahogado.

www.mariomorales y @marioemorales

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