Por: Miguel Gómez Martínez

Pataletas y payasadas

EN LAS ÚLTIMAS SEMANAS HA QUEdado al descubierto la estrecha relación existente entre los gobiernos de Quito y Caracas con las Farc.

No es una sorpresa para nadie, pero la evidencia resulta impresionante, pues Colombia ha demostrado la profundidad y el elevado nivel de apoyo que estos gobiernos le han dado a la guerrilla que asesina y secuestra colombianos. A pesar de las pataletas de Correa y las payasadas de Chávez tratando de ignorar la evidencia, está claro para el mundo entero que los dos gobiernos apoyan a la insurgencia en un hecho verdaderamente hostil contra Colombia.

La respuesta de los dos gobiernos ha sido concertada y simultánea. Intentan desviar la atención y quieren invertir los papeles presentándose como víctimas de Colombia. Ecuador argumenta que Colombia quiere desacreditarla, cuando el video de las Farc es una confesión abierta de los vínculos que, al más alto nivel, estableció el gobierno de Correa con la cúpula de las Farc. Para Chávez el ángulo de ataque a Colombia ha sido el acuerdo para utilizar ciertas bases militares colombianas por parte de los Estados Unidos. El presidente venezolano lo considera un gesto amenazante contra su país y por televisión decide retirar el personal diplomático y cerrar el comercio bilateral. Amenaza real es la compra de millonarios equipos militares de carácter ofensivo que los venezolanos han realizado en los últimos años. Amenaza es que una parte del equipo militar venezolano termine en manos de la guerrilla, como también lo ha demostrado con evidencia el Gobierno colombiano.

Los críticos de Uribe salen a pedir un manejo diplomático de estos dos problemas. ¡Qué ingenuos! A nuestra diplomacia no se le pueden pedir milagros. Nadie maneja las relaciones con dos países que prefieren la derrota militar de la democracia colombiana. Correa y Chávez han personalizado la relación y utilizan a Colombia para desviar la atención de sus graves problemas internos. Ecuador está otra vez quebrado y familiares cercanos a Correa han sido acusados de corrupción. Venezuela ha destruido su capacidad productiva, no tiene inversión y su modelo económico es insostenible. Si sus políticas económicas fuesen tan exitosas como ellos claman, no estarían quejándose del crecimiento de las exportaciones colombianas. Por eso los dos, de manera concertada, han decidido restringir el comercio con Colombia.

A pesar de la abierta hostilidad de nuestros dos vecinos, Uribe ha sido paciente y prudente. Ha intentado proteger nuestros intereses frente a dos personajes inestables y abiertamente enemigos de nuestro país, como lo demuestran los hechos de sus gobiernos y las evidencias que son hoy de conocimiento de la opinión internacional. La serenidad de Uribe, su aguante y temple son admirables, pues no son parte de su carácter. Así no les guste a sus opositores, Uribe no ha perdido de vista las prioridades estratégicas de Colombia.

Frente a estos ataques concertados hay que cerrar filas. Ni la oposición ni el sector privado nacional pueden caer en la tentación de anteponer sus estrategias políticas o comerciales al interés de defendernos frente a los ataques de quienes quieren debilitarnos.

 

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