Por: Mauricio Botero Caicedo

'Pateando la lonchera'

En reciente editorial del pasado 27 de junio, el director de El Espectador se va lanza en ristre contra la ‘justicia mediática’: “Los límites se cruzan, por ejemplo, en el caso Colmenares, el joven estudiante que murió por causas que aún no han sido confirmadas, en el cual hay una serie de sospechas e indicios.

La justicia debe encargarse, no nosotros, de hacer claridad. Sin embargo (a raíz del aseguramiento preventivo de Carlos Cárdenas), los medios en nuestra labor saltamos a entrevistar al testigo, a sacarle más datos, a ver en dónde se quiebra y por qué lado se puede extraer una conclusión que anticipe el trabajo de la justicia. Los abogados de los casos son estrellas. En la mañana, al mediodía y en la tarde salen a dar declaraciones con sus corbatas satinadas y sus maletines, al mejor estilo de una película gringa. Y los casos, lentamente, se van volviendo conversaciones de pasillo, chismes a la espera de un giro que será publicitado hasta la saciedad; se crean, de un lado o del otro, posiciones ideológicas al respecto y la opinión va tomando partido. La justicia parece haberse vuelto, otra vez, esa práctica medieval del castigo público con el que todas las personas querían resarcir un deseo de venganza inherente a la condición humana. Esto es grave, por decir lo menos. No es culpa entera de los medios, ni más faltaba. Las noticias judiciales son historias interesantes, no sólo por sus contenidos implícitos, sino también porque muchas de ellas requieren ser informadas: la democracia lo pide. El protagonismo de los jueces, de los abogados, de los fiscales es, sin embargo, lamentable. Muchos de ellos pretenden ganar réditos, o juicios anticipados, a través de los medios: si salen en uno, la contraparte protesta porque no le están dando protagonismo. Y viceversa. Pero lo peor que podría pasar es que los jueces se vean afectados porque la sociedad siga los casos y espere una respuesta específica con la información mediática, que carece por su misma naturaleza de carácter probatorio que le imprime la valoración judicial. La justicia no funciona, no debe, como una democracia”.

Al director de este diario le puede llegar a pasar lo mismo que me pasó a mí y a otros columnistas, que es el incurrir en la ira santa de estos abogados de farándula con sus “corbatas satinadas y sus maletines” que han convertido, como lo denuncia el editorial, los procesos judiciales en “espectáculos de medio tiempo que sirven para mantener divertida a la población mientras otras cosas pasan inadvertidas”. Todos, columnistas y editorialista, incurrimos en el error de ‘patear la lonchera’, es decir, cuestionar lo que en realidad de justicia tiene muy poco y de negocio tiene mucho. El diario La República, en su edición del pasado 25 de junio, afirma que en el solo caso Colmenares la exposición mediática del proceso cuesta hasta $750 millones al día. Para el abogado Luis Fernando Salazar, “teniendo en cuenta el manejo mediático... se podría decir que los contratos son igualmente jugosos”.

No hay mal que dure cien años, ni cadena de felicidad que no termine rompiéndose. Al no haber mayores barreras de entrada, todo abogado… todo bufete que sienta la necesidad de acudir a la ‘justicia mediática’ va a encontrar emisora, noticiero o periodista que le sirva de sostén para defender su causa, atacando al adversario o simplemente insultando a todo aquel que su cliente solicite. Llegará el momento que los mismos abogados y bufetes se darán cuenta de que la ‘justicia mediática’ tiene todas las características de circo y ninguna de justicia. Los abogados y bufetes que no comulguen con la práctica medieval del castigo público ni consideren ético “ganar réditos o juicios anticipados”, solicitarán leyes para el estricto control, sino la total abolición, de la ‘justicia mediática’.

 

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