Por: Aura Lucía Mera

Patente de "Corzo"

Busco en Wikipedia: “Patente de Corso”, el permiso que otorgaban los reyes a un individuo para atacar barcos, tener acceso a todos los botines, ser ascendido a corsario cuando desmantelaba alguna nave “enemiga”, ser tratado, si lo agarraban, como prisionero de guerra y no como pirata; con permiso para disponer de todo lo que caía en su poder: tripulación, armamento, total inmunidad. Y, nada más ni nada menos que ser tratado como un miembro de la marina real.

Creo cada vez más que la reencarnación existe. Y aquí, en esta Patria del Sagrado Corazón, nos tocó un Corzo que abrogó todos los beneficios de la Patente: un parlamentario anodino —léase el equivalente a pirata raso— de pronto asciende a la Presidencia de la nave y toma el timonel. Inmediatamente se siente tocado por la gracia del Rey y comienza su delirante carrera de agresiones contra la población, cual desenfrenado corsario, en busca enloquecida de todas las prebendas que su nuevo cargo le pueda brindar.

Exige la inmunidad, para poder actuar a su amaño sin que jamás pueda ser juzgado. Exige la totalidad del botín: sus $16 millones no le alcanzan para tanquear la nave. Amenaza con robar si no le suben la suma. Se va lanza en ristre contra la ley que permite el aborto en casos puntuales, condenando a sus súbditas (pues todo pirata ascendido a corsario debe ser machista) a la muerte, o a parir un hijo de una violación, o engendrar un ser con problemas genéticos que no tienen reversa.

Cuando está en tierra firme, porque prefiere viajar a los países más lejanos a ver si puede traer nuevas ideas de cómo sacar otros beneficios del erario enemigo, no hace absolutamente nada. No se le conoce una propuesta que redunde en el bienestar de la población. Parece que en su pueblo natal es gamonal. No tengo la desgracia de conocerlo. Tampoco lo deseo. Pero como dijeron los Santos “por sus obras los conoceréis”.

Lo que es vergonzoso es que un personaje con Patente de Corso logre semejante cargo. Y que los colombianos, aparte de twittear y fabricar chistes sobre él, no hagamos nada. Este es un país caricaturesco. Para presidir la que se supone la más sagrada de las instituciones no se necesita ningún requisito moral, ni ético, ni cultural: basta con haber sido piratica anónimo y escalar escaños. Una vez en el trono, subirse las prebendas y hacer todo tipo de vagabunderías que pagamos todos los colombianos.

Ya es hora de que tengamos un Congreso de hombres y mujeres dignos del puesto. Estamos hartos de los congresistas que lograron sus curules a base de maturrangas, dineros y alianzas sospechosas. Para muestra este Corzo que heredó la Patente de Corso. Es hora de reaccionar. Ojalá se quede enredado, montado en un caballo con lanza o dentro de algún barco pirata somalí. En esa nave podría ser el capitán. Y a propósito, ¿seremos capaces de votar dignamente en las próximas elecciones?

P.D. Un libro que no debería faltar en ninguna mesa de noche: El gran libro sobre la enfermedad de Alzheimer. Nos cuenta sobre la enfermedad, sobre lo que sucede con los familiares y cuidadores y nos sugiere qué debemos hacer para retardar su aparición.

 

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