Por: Columnista invitado

La paz con las Farc se inició en Huila, en enero de 1983

Por Luis Eduardo Celis*.
@luchoceliscnai

Estamos viviendo unos días históricos. Se concluyeron las negociaciones entre el gobierno colombiano y las Farc y ambas partes han declarado el cese bilateral, vivimos el fin del alzamiento armado más prolongado y Colombia se acerca a ver la transformación de las Farc, que ahora deja la acción armada y se convierte en una fuerza política en el marco de la normatividad colombiana, con un acuerdo por implementar en la próxima década y con el propósito de transformar  la ruralidad, tan llena de inequidades y profundas injusticias y la acción política, plagada de violencias, fraudes y desventajas oprobiosas. Buenos retos para una democracia tan precaria como lo es la colombiana.

A pocos días de que se instale la décima y última conferencia de las Farc como fuerza en armas, es bueno recordar cómo se dio el primer encuentro entre una delegación de un gobierno colombiano y esta guerrilla. La historia se remonta a los inicios del gobierno del presidente Belisario Betancur.

Con la intención de lograr el fin del alzamiento armado, Betancur planteó la tesis que este era un conflicto que tenía unas “causas objetivas” y que lo ideal era cerrarlo en una mesa de diálogos y negociaciones. Para explorar el tema, nombró a Otto Morales Benítez como el primer consejero de Paz y le encomendó la tarea de lograr hablar con las Farc y las otras guerrillas para emprender el camino del entendimiento.

Morales Benítez, un hombre de iniciativa y comprometido con la tarea encomendada, logró el apoyo del Partido Comunista para este propósito, logrando que la dirección, en cabeza de Gilberto Vieira, designara a Alberto Rojas Puyo para liderar estos contactos con las Farc.

Por los canales discretos entre el Partido Comunista y las Farc se logró ambientar la idea de emprender este esfuerzo y así se concertó la primera cita que se daba entre una delegación de un gobierno y este grupo, que, para la época, no llegaba a los mil combatientes, repartidos el doce estructuras, fundamentalmente en regiones del sur y oriente del país.

El encuentro se dio en la última semana de enero de 1983. La delegación de gobierno estuvo integrada por Otto Morales,  Rafael Rivas Posada, Alberto Rojas Puyo y John Agudelo Ríos. En una crónica de la época, la periodista Olga Behar narra así los detalles: “Viajaron hasta Colombia, un pueblito perdido del Huila. De allí, a lomo de mula durante tres horas, hasta que llegaron a una vereda, en la que estaba una casita -propiedad de un colono- en la que se encontraron con los miembros del Estado Mayor de las Farc. Estaban los jóvenes y los mayores. Los primeros vigilaban; los segundos daban su versión sobre la paz y preguntaban, ávidos de conocer los planes del Gobierno para llegar a ella”.

Por parte de las Farc participaron Manuel Marulanda Vélez, Jaime Guaraca y Jacobo Arenas. Para esa época, Marulanda y Arenas eran los jefes más destacados. Guaracas, un campesino vinculado desde el inicio de la esa organización guerrillera, rápidamente se margina de la dirección por graves quebrantos de salud y es muy posible que permanezca en Cuba; Jacobo fallecería en 1990 de muerte natural y con más de 70 años; y Marulanda muere en el 2008, con 76 años.

Al final de la reunión de dos días, la delegación gubernamental y los voceros de las Farc suscribieron un memorando conjunto, uno de cuyos apartes dice: “Debemos celebrar la propuesta para que, con la participación de todos los partidos y la de las fuerzas progresistas del país, se establezca el marco de la nueva convivencia y de la paz política nacionales, atendiendo a los nuevos desarrollos democráticos que todos los sectores políticos vienen reclamando y predicando desde hace varios años”. Un texto escrito hace treinta y tres años y que en este 2016 se logra concretar, esperemos que con un amplio respaldo ciudadano, en el plebiscito del próximo 2 de octubre.

Al ser preguntado Otto Morales por lo que pudo apreciar en esos dos días de conversaciones y el interés de las Farc en una salida negociada, respondió: “Les interesó cómo se van a expresar las minorías, cómo van a poder manifestarse, cómo va a ser la reforma política, si va haber o no esa reforma política. Como el presidente Betancur ha dicho que va a hacer una reforma grande, profunda, ellos estaban convencidos de que iban a poder tener expresión todos los grupos nacionales”.

En el acuerdo negociado entre Gobierno y Farc está el tema de la participación política, lo cual evidencia que es uno de los temas a resolver, que ha permanecido en las raíces del conflicto armado y uno de los asuntos que explican su larga duración, al considerar la guerrilla que no hay plenas garantías para la acción legal. Este es un gran reto que queda establecido en lo acordado y que, por supuesto, es un gran déficit en una Colombia que debe trabajar por ampliar y cualificar una democracia con tantas falencias.

En ese sentido, el principal acuerdo logrado en este proceso es para que las Farc se convierta en partido político en los siguiente años, y el genocidio contra la Unión Patriótica (UP) los reafirmaría en su desconfianza hacia la imposibilidad de competir y participar del debate en una democracia que no protege a quienes disienten o reclaman derechos.

El presidente Betancur, en comunicación dirigida a Otto Morales y por su intermedio a toda la Comisión de Paz, donde estaban representados todos los sectores políticos y diversos líderes gremiales, agradeció la gestión desarrollada ante la guerrilla y llamó a la participación de toda Colombia en este propósito nacional.

Las palabras de Betancur en esa época siguen vigentes hoy: “No dejaremos de escuchar a ninguna hora a quienes tengan una angustia, un interés por la paz. Se trata de que cada colombiano piense que puede hacer por esa paz y cuál es su responsabilidad, puesto que la tarea  no es sólo de quienes gobernamos: la obligación es colectiva. Tomar la posición de indiferentes o simplemente de críticos contra la apertura que estamos haciendo, es fácil manera de no tener identidad con la patria; es eludir la parte de   responsabilidad que a cada uno compete”.

Pasaron más de tres décadas desde este primer encuentro. La guerra se recrudeció y vendrían nuevos intentos por finalizarla de manera dialogada o buscando la derrota de las guerrillas.  Ahora el país celebra el acuerdo alcanzado el pasado 24 de agosto y tenemos la oportunidad de crecer como sociedad, si trabajamos de manera rigurosa por cumplir de manera cabal este acuerdo, que tanto bien puede traer a Colombia.

El camino lo iniciamos en Colombia (Huila) en 1983 y tras los intentos fallidos del presidente Betancourt, el presidente Gaviria y el presidente Pastrana en negociaciones y del presidente Uribe por derrotarlos; el presidente Santos, en el cuarto intento, ha logrado este acuerdo que tanto celebramos y seguiremos celebrando.

*Asesor de la Fundación Paz y Reconciliación.

 

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