Por: Fernando Galindo G.

En la paz, ¿la inequidad seguirá siendo en la salud?

El mensaje del presidente Santos, anunciando la posibilidad inminente del fin del conflicto armado, del 14 de enero pasado, es pertinente analizarlo desde la perspectiva de la columna del padre Francisco de Roux aparecida ese día en El Tiempo. Vale resaltar que el exprovincial de los jesuitas de Colombia, por su vivencia pastoral en el Magdalena Medio, está más que acreditado para disertar sobre las implicaciones sociales de los conflictos armados sobre las víctimas, pero sobre todo para anticipar cómo asegurar que el fin de un conflicto armado sea definitivo, si se corrigen las causas que lo originaron. Encabezó su reflexión diciendo: “El sueño es que con el fin del conflicto celebremos el inicio de una Colombia nueva por construir”. Agregó: “Sellará en los acuerdos la ruta de la paz desde la regiones y el centro, y la senda de los cambios estructurales en equidad, transformación del campo, fin de la corrupción, ampliación de la política, seguridad y derechos humanos”.

Santos, en la alocución referida, aseguró que su gobierno está trabajando en la construcción de la paz, con acciones concretas de equidad, y enfatizó: “… debemos hablar de los beneficios que puede traerle al país alcanzar la paz y la reconciliación en materia de inversión social de educación, de salud…”.

Esas afirmaciones son para el discurso que ambiente la acogida ciudadana a tan magnífica noticia sobre la terminación del conflicto con las Farc, pero sus acciones en materia de salud son totalmente contrarias a la equidad y a la inversión social proclamadas.

O, ¿es que al presidente y a sus ministros Cárdenas y Gaviria les parece equitativo emitir los sorpresivos decretos de fin de año, con los que fortalecieron los privilegios que por más de 20 años han disfrutado las EPS? Si eso es equidad, la deuda de esas intermediarias con los hospitales, la continua negación de los servicios a los usuarios, las muertes debidas a esa indolencia por su apetito desmedido de rentabilidad económica, su apropiación ilegal de los recursos aportados por los colombianos en los parafiscales, ¿qué calificativo merecen?

El presidente no es consecuente con su diagnóstico sobre el error histórico que ha significado para el bienestar de los colombianos el sistema de salud impuesto por la Ley 100. Es imperativo recordar, por enésima vez, su afirmación al presentar los proyectos de ley estatutaria y ordinaria de la salud, el 20 de marzo de 2013: “Esto nació mal y lo vamos a corregir de un tajo”.

La Ley 100 y la salud-negocio no pueden formar parte de la nueva Colombia que augura el padre De Roux, con la cesación del conflicto armado. Tampoco, en los tiempos anhelados de la paz, deberá subsistir la corrupción del Congreso y de los políticos que han legislado a favor de los privilegios inmorales de los intermediarios de la salud.

Por la equidad en salud, el presidente debe sancionar inmediatamente, desconociendo las disculpas aducidas por el ministro Gaviria, la Ley Estatutaria, declarada exequible y modulada por la Corte Constitucional en defensa del derecho fundamental de los colombianos al goce pleno de ese beneficio.

Ese sería el mejor mensaje a sus conciudadanos: que su extraordinario esfuerzo por la paz implica los retos de romper ancestrales privilegios de la clase económica dominante, para lograr la nueva Colombia que nos prometió y que refrendamos con nuestro voto al reelegirlo.

 

 

 

540168

2015-01-26T23:00:00-05:00

column

2015-01-26T23:00:20-05:00

none

En la paz, ¿la inequidad seguirá siendo en la salud?

56

3543

3599

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Fernando Galindo G.

El fanatismo: secuela de los octenios

La ruta para el nuevo ministro de Salud

El daño público de la corrupción