La paz que no importa

El acuerdo de paz con las FARC está listo pero paradójicamente aún son muchísimos los colombianos que no han entendido por qué el gobierno nacional se sentó a negociar con dicha guerrilla.

Es una incomprensión que está en la base del rechazo a la posibilidad de un acuerdo pacífico con el cual sellar este frente de guerra. Acaso las FARC no estaban moribundas tras la exitosa política de seguridad democrática?  Acaso no estábamos a la espera tan sólo de su rendición, o de la estocada para su exterminio? En esta lógica entablar los diálogos de paz fue una traición.  Y por extensión, la paz antes que un logro es una inaceptable concesión.

Son muy numerosos quienes reclaman la eliminación de las FARC. No las paces con ellas. Es una paz de la cual dichos guerrilleros no son merecedores, parecen opinar. Sólo su muerte o desaparición de la sociedad tras las rejas son considerados válidos caminos.  Es la paz de los vencedores. Es una paz que no admite transacciones, en la que se saben de un lado los buenos y del otro los malos, aunque en apariencia sean los mismos pobres muchachos rurales vestidos de camuflado. Pero eso es casi melodrama. No hay nada de qué hablar y tampoco qué negociar.

En esta lógica lo de menos son los muertos que hemos puesto o que haya que poner, porque en el caso de ser los del bando propio no son muertos sino héroes, y en el caso de ser del bando enemigo se denominarán “positivos” (son ganancia). Los del medio son “pobres víctimas” y por ellas seguiremos en guerra. Paz en las tumbas… Así es la guerra… Así es nuestra guerra.

“Habrá más muertos” se aseguran de decirnos aquellos que en nombre de los muertos pasados y de los muertos futuros, anunciados por ellos mismos, desprecian la paz de la negociación. Además se aseguran de endosar todas las futuras víctimas posibles a las FARC, incluso cuando estas dejen de existir, pues serán sus reinsertados, irredimibles, los que se sumen a la lista porque en este país habrá quienes no perdonen sino que ajusten cuentas con ellos. (Salud!) Lo demás son fantasmas en un país que concentró el odio en las FARC y contra las FARC.

Que se maten entre si menos colombianos, o que mueran violentamente menos colombianos es un asunto que durante 50 años no ha sido rutinario, pero sí parece ser algo muy poco significativo. Nos hemos acostumbrado. Por eso unos muertos de menos no se sienten. Finalmente, lo de menos en la guerra y en la paz son los muertos, porque matar no siempre es un acto de violencia. Eso depende de quién muera y a manos de quién.
La reducción notabilísima de víctimas por el conflicto armado que se ha registrado  parece solo un dato, aunque de hecho haya sido un logro de las mesas de negociaciones y  sobre todo una realidad que muchas comunidades han vivido a lo largo de estos meses. Pero eso no es asunto noticioso. La paz es asunto de vanidades, nos repiten desde muchos medios de comunicación, y la guerra, la de las FARC, algo imperdonable. Lo que le faltó a la guerra, a la nuestra, fue más tiempo. ¡Estábamos tan cerca!

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