Por: Uriel Ortiz Soto

Paz= verdad, justicia y reparación

Si los señores negociadores de la guerrilla no tienen el suficiente carácter para reconocer en la mesa de negociación, los miles de delitos atroces que han cometido contra la Población Civil, en sus más de cincuenta años de lucha estéril contra el Estado, va, a ser imposible que nazca un escenario de paz propicio para la reconciliación entre todos los Colombianos.

Ninguna de sus acciones deben quedar ocultas o en el olvido. Todo debe estar consignado dentro de un cronograma con posterior evaluación, es allí donde el Gobierno y el País, se van a dar cuenta donde están las responsabilidades de las partes para proceder a hacer justicia pronta y cumplida dentro del mismo proceso. Es entendido, como lo expresamos en nuestra reciente columna, que no todas las acciones criminales que se endilgan a los grupos al margen de la Ley, son de la guerrilla. Hay una mezcla de: guerrilla, delincuencia común y Agentes del Estado; por eso, es importante ubicar las cosas en su sitio, para proceder con mayor claridad.

Hacer lo contrario, sería como empezar a construir la Paz sobre falsas interpretaciones y lo más grave con engaños y mentiras. Por eso, el inventario de todas las acciones guerrilleras de más de medio siglo, deben interpretarse como un memorial de desagravios, a favor de la Población Civil, por parte de los grupos armados ilegales.

La alocución del Presidente Santos, en la Asamblea Anual de la ONU, con sede en New York, estuvo muy bien aprovechada. Su impecable discurso donde resaltó el proceso de Paz que se inicia a partir del quince de octubre en Oslo – Noruega, dejando entrever que la legalización de la droga debe ir en, simultanea, es algo que nos entusiasma a todos los Colombianos, que desde diferentes ángulos luchamos para que este proceso llegue a feliz término. No olvidemos que narcotráfico y guerrilla van cogidos de la mano, pretender solucionar lo uno sin lo otro, es casi que perder el tiempo.

Desde mi óptica de Comunidad y Desarrollo, el proceso de paz debe tener tres ingredientes fundamentales: Verdad, Justicia y Reparación.
1º- Verdad: esto quiere decir que los señores negociadores de la guerrilla, deben empezar por reconocer que durante más de cincuenta años han sido un grupo de terroristas y narcotraficantes; reclutadores de menores; violadores de los más elementales Derechos Humanos; secuestradores y asesinos; destructores de diferentes infraestructuras como: voladura de oleoductos, puentes, carreteras, escuelas, puestos de policía y poblaciones, entre otros. Aceptadas todas estas responsabilidades, se requiere hacer una evaluación de todos los hechos, para comprobar, si efectivamente fueron los grupos armados o la delincuencia común, que con el ánimo de sacar provecho y pescar en río revuelto, se han convertido en verdaderos empresarios y aliados de los grupos criminales.

2º- Justicia: una vez logrado lo anterior, se debe proceder a evaluar cada una de estas acciones, teniendo en cuenta la gravedad de hechos especialmente los factores de destrucción, pero, lo más importante las víctimas, que como bien lo sabemos son millones de Colombianos, los que se encuentran en una u otra circunstancia de desplazamiento; de pérdida total o parcial de sus bienes y las miles de víctimas que han sido masacradas en pueblos y veredas, además de los cientos de compatriotas que se encuentran secuestrados, que después de haberse pagado el rescate por parte de sus familiares, a la fecha continúan desaparecidos. En estos casos será la Justicia, la que entre decidir sobre cada uno de estos episodios particulares, con el fin de evitar que crímenes atroces de lesa humanidad, queden en la impunidad.

3º- Reparación: es indudable que de parte de los grupos subversivos, debe haber una reparación, bien sea en especie o en dinero, regresando los bienes confiscados, o indemnizando económicamente a cada una de las víctimas del conflicto armado.

Este sería apenas un cronograma de elemental reconocimientos, por parte de los guerrilleros en la mesa de negociación. Otra cosa es, que por el deseo inminente de las partes de consolidar un acuerdo de Paz, el cronograma sea menos rígido, pero, sin menoscabo de la verdad sabida y buena fe guardada.
Lo que menos se debe permitir es que el País, termine arrodillado, frente a todo un monumento a la impunidad, el perdón y el olvido, sin siquiera haberse agotado un procesos de reconocimiento y responsabilidades por parte de quienes nos han causado tanto daño.

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