Por: Armando Montenegro

Paz y elecciones: tres escenarios

EL PROCESO DE PAZ Y LAS PRÓXImas elecciones están irremediablemente ligados. La suerte de todos los actores políticos depende de las negociaciones con las Farc. Y el futuro de este grupo guerrillero también quedará marcado en la mesa de La Habana.

Es posible imaginar por lo menos tres escenarios.

1.- El Gobierno y las Farc logran un acuerdo completo antes de enero y pactan la realización del referendo el día de la elección presidencial. El presidente-candidato se presenta como el artífice de la paz, convoca el respaldo nacional y recibe la aclamación internacional. Las Farc le apostarían a que la reelección es la mejor opción para el desarrollo de los acuerdos, aunque, como Plan B, en caso de que la candidatura de Santos no progrese, podrían apoyar, a través de los movimientos afines, a una tercería de izquierda, que también respalde el desarrollo de lo pactado en La Habana. Uribe, por su parte, lanzaría una oposición cerrada y vehemente a todo lo acordado.

2.- Las negociaciones no producen nada sustantivo y el Gobierno, agobiado por encuestas adversas y la oposición de la derecha, decide romper las conversaciones y asumir una postura parecida a la de Uribe. El Gobierno intentaría dar fuertes golpes militares y trataría de recuperar el apoyo de grupos de derecha que dudan de su liderazgo y han visto con escepticismo el proceso de La Habana. Si Santos no mejora en las encuestas, Vargas Lleras podría intentar una opción que hoy parece ganadora en los sondeos de opinión. Las tercerías convertirían el reinicio de la negociación de paz en una de sus banderas, enfrentadas al presidente-candidato (o a Vargas Lleras) y al grupo de Uribe, encabezado probablemente por Pacho Santos. En este escenario se volverían a crispar las relaciones con Venezuela y algunos de sus satélites.

3.- El Gobierno y las Farc logran algunos acuerdos parciales (referidos a ciertos puntos de la agenda de negociación) y pactan la suspensión del proceso durante un año, mientras se celebran las elecciones y comienza el nuevo gobierno. Las fuerzas santistas y las tercerías de izquierda, juntas o separadas, se comprometerían a continuar y terminar el proceso si llegan a la Presidencia. El uribismo centraría su campaña en el ataque a los acuerdos de La Habana, especialmente los que se refieran a aspectos que tengan visos de impunidad y concesiones en materia de representación política. Las Farc y sus movimientos afines, otra vez, ganarían con la reelección de Santos o con el triunfo de la tercería de izquierda (sólo perderían con el candidato de Uribe). El presidente tendría la debilidad de no poder reclamar que logró la paz, al tiempo que sí estaría obligado a responder a las críticas del uribismo sobre los acuerdos parciales. Éste podría ser el escenario preferido por las tercerías, que, además de convertirse en una alternativa a una amarga lucha entre primos, se reservarían la libertad de criticar algunos aspectos del acuerdo y anunciar que lo continuarán con algunas correcciones.

Ante las posibilidades creadas por estos tres escenarios, en los cuales todos los actores se juegan su futuro, por su habitual torpeza estratégica, la guerrilla podría ser determinante, como lo fue en la elección que ganó Uribe, de lo que suceda en la política nacional y condenarse a ser víctima de la peor opción entre todas las posibles.

 

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