Por: Julio Carrizosa Umaña

Paz y hambre

El Acuerdo Final contiene estrategias concretas para acabar con el hambre en Colombia. Ojalá a los del No les interese el tema.

Ya no son sólo los niños de La Guajira los que se mueren de hambre. El último informe de la situación en Bogotá comprueba que la desnutrición infantil aumenta en el sur de la capital de la República, en los barrios a donde llegan los desplazados por la guerra.

El Acuerdo Final terminaría con el desplazamiento ya. No en el futuro, cuando se hayan cambiado los acuerdos y alguien, no se sabe quién ni cómo, pueda meter a los dirigentes guerrilleros a la cárcel, como lo propone el No.

El Acuerdo Final tiene en los puntos 1.1.10, 1.3.2, 1.3.4 y 4.1.3.6 los instrumentos para pagar ya, en los meses siguientes al triunfo del Sí, subsidios a las familias rurales en donde se estén muriendo los niños. El No quiere que esperemos, primero, a que se renegocien los acuerdos y, luego, a que los empresarios organicen y obtengan financiación para proyectos agrícolas que puedan contratar a los padres de esos niños como trabajadores en las plantaciones, o a que se realicen alianzas entre los pobres y los ricos, como lo proponen algunos.

El hambre no espera a que se cumplan los deseos de los promotores del No. Los niños de los wayuus se mueren en las vecindades de las grandes empresas mineras que los del No y algunos de los del Sí defienden. La escasez de proteínas, minerales y vitaminas en la dieta de los desplazados por la guerra mata las neuronas de niños y adultos, neuronas indispensables para que Colombia sea un país mejor.

Los dirigentes políticos que promueven el No, quienes dicen hoy que se debe negociar durante veinte años más, saben eso, han estudiado en las mejores universidades, pero sus prioridades son diferentes; simplemente no quieren que sean sus enemigos políticos los que se ganen los premios de la paz. Y la estrategia que han escogido es aumentar el número de los colombianos que temen, con toda la razón del inocente, que en Colombia reine, según ellos, ese socialismo del siglo XXI que fracasa en Venezuela.

Lo que no dicen los jefes del No es que eso es imposible, a no ser que se cometan en Colombia los mismos errores que cometió la derecha en el país hermano, la derecha que, con sus políticas, indujo a que el coronel Chávez se rebelara y la que luego lo metió a la cárcel de donde salió a ganar las elecciones.

Los que vamos a votar Sí queremos que Colombia no siga cometiendo los mismos errores.

 

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