Por: José Fernando Isaza

Pecado

Un avance en las relaciones Estado-ciudadano es el establecimiento de la libertad de cultos y la separación de la Iglesia y el Estado; la distinción entre las leyes penales y los códigos religiosos, es decir, diferenciar el pecado del delito. En algunos países musulmanes no se aplica y, por el contrario, se legisla en el sentido de que prevalecen las doctrinas del Corán sobre las normas de la Constitución. Se castigan con prisión, castigos físicos y aun con la pena de muerte, la blasfemia y la homosexualidad.

En España, el Código Penal contempla cárcel para la blasfemia. Las autoridades no aplican esta ley, pues de hacerlo tendrían que decretar el país por cárcel. En Colombia, hasta 1936, año de expedición del Código Penal, también eran delito la blasfemia y el adulterio.

Un retroceso se produce cuando el Estado quiere meterse en la cama de los ciudadanos. El proyecto de ley que sanciona a quienes paguen por servicios sexuales enmarca dentro de la categoría de asimilar un pecado, la lujuria, con un delito. Por supuesto, son delitos la trata de personas, el esclavismo sexual y la prostitución de menores de edad. Estas conductas hoy están tipificadas y tienen sanciones severas. Lo que debe hacer el Estado es hacerlas cumplir. ¿Cuántos detenidos hay por propiciar el turismo sexual con menores?

El pecado de la lujuria parece ser muy frecuente. San Alfonso María de Ligorio, en su libro El manual del confesor, informa que nueve de cada diez almas que se condenan al infierno lo hacen por el pecado de lujuria. Desafortunadamente, no indica la metodología que utilizó para obtener tan preocupante resultado; no es claro si es un censo o una muestra, y en el último caso, cómo definió el tamaño para lograr un buen nivel de confiabilidad. Hace pocos años, en Irán, donde se prohíbe la prostitución y hay leyes de divorcio muy simples y de matrimonios exprés, se celebraba éste entre una trabajadora sexual y un cliente y a las pocas horas se divorciaban. Así, como era sexo dentro del matrimonio, se evitaba la sanción penal.

No todas las trabajadoras sexuales en Colombia son explotadas. Investigaciones concluyen que para muchas mujeres y hombres es una opción de vida libremente escogida.

En la década de 1960, Esther Vilar publicó el libro El varón dorado. En él dice que es casi imposible diferenciar la prostitución de un matrimonio por interés económico. En éste hay un acuerdo tácito o explícito en el cual uno de los participantes, hombre o mujer, acepta que la convivencia no se da por razones románticas y asume sus costos económicos. ¿En el proyecto de ley esta conducta también sería objeto de sanción? En efecto, se está pagando por servicios sexuales.

Algunos congresistas y funcionarios del Ejecutivo anuncian que en su gestión la Constitución debe someterse a la Biblia. Como la Biblia dice que la gula es un pecado, debe asimilarse a un delito. Deberán, pues, tramitarse leyes que regulen la cantidad de calorías que se sirven en los restaurantes y las viviendas y castigar como delincuentes a los gordos.

Las leyes contra el tabaquismo y la prohibición del alcohol, hoy derogadas, son ejemplos de confundir el vicio, sancionable por la religión, con el delito. Algo similar puede aplicarse a la legislación sobre los estupefacientes.

El país debe continuar en su lento recorrido de separar la Iglesia del Estado y dejar que los pecados que no causen daños a terceros los juzgue Dios y no los atiborrados tribunales.

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