“Pecunia non olet”

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Un blog de la Universidad de Salamanca nos cuenta que el emperador Tito Flavio Sabino Vespasiano, fundador de la dinastía Flavia, intentando subsanar las terribles secuelas de la guerra civil, impuso el vectigal urinae (impuesto sobre la orina), ya que se trataba de un producto muy solicitado por curtidores y lavanderos. Su hijo, Tito, le reprochó la avaricia que demostraba al cargar el pis de impuestos, pero su padre, manteniendo su dignidad, le acercó una moneda a la nariz y le preguntó: “¿Huele?”. Su hijo, extrañado, negó con la cabeza, a lo que su padre le respondió: Pecunia non olet, es decir, el dinero no huele. “Este es el motivo de que a los urinarios públicos en Francia se les llame vespasiennes y en Italia vespasiani”.

En Colombia tenemos ejemplos de dinero que no huele. Hace muchos años, en la Catedral de Pereira, el entonces monseñor Darío Castrillón afirmó: “Yo mismo he recibido dinero de la mafia y lo he repartido entre 105 pobres”. El haber recibido dinero de la mafia no fue óbice para que Castrillón fuera nombrado cardenal y promovido a la cúpula de la Santa Sede. Pecunia non olet, diría un moderno Vespasiano.

En una entrevista hace varios años en el prestigioso programa 60 Minutes con el periodista Steve Kroft, el especulador George Soros confesó que el objetivo de sus inversiones es ganar dinero, sin mirar las consecuencias sociales de sus especulaciones. La ruina de países objeto de los ataques contra sus monedas, como Rusia, Tailandia, Indonesia, Malasia y Japón, tuvo a Soros sin cuidado. Cuando Kroft le preguntó a Soros si el inversionista voraz (es decir el especulador amoral) y el filántropo benévolo (el benefactor moral) son la misma persona, Soros contestó: “Sí… es una misma persona la que en ocasiones actúa de manera amoral y el resto del tiempo trata de actuar con moral. Y no tengo el menor sentido de culpabilidad por actuar de manera amoral”. Según los versados, “una acción inmoral es directamente opuesta a la moral y a las buenas costumbres. Es decir, se trata de un comportamiento malo e incorrecto. Una persona amoral, en cambio, carece de moral, por lo que no puede juzgar sus actos como buenos, malos, correctos o incorrectos”.

Lo que está claro es que para el señor Soros, uno de los más grandes especuladores del planeta, el ánimo de lucro prima sobre cualquier consideración moral. Si bien George Soros sigue en el negocio, ya hace tiempo que se alejó de los ajetreos diarios de Wall Street. Soros se dedica desde 1979 a actividades filantrópicas. En 1993 creó la Open Society Foundations, empresa privada de concesión de subvenciones para promover gobiernos democráticos, derechos humanos, económicos, jurídicos y reformas sociales. Concretamente en Colombia, Soros es uno de los grandes financiadores de la ONG Dejusticia, a la que le ha entregado en los últimos años cerca de US$10 millones. Sin poner en tela de juicio la legalidad de dichas donaciones, lo que tampoco se puede desconocer es que a los receptores de la generosidad de Soros el origen amoral de sus especulaciones también los tiene sin cuidado. Pecunia non olet, diría el Suetonio de nuestros días.

Apostilla. El afán del gobierno de Maduro de impedir que Álex Saab sea extraditado es muy sencillo: Saab maneja los hilos de las tres principales exportaciones de la Venezuela chavista: petróleo, oro y cocaína.

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