Por: Guillermo Zuluaga

Pékerman, presidente

Con “P”, de Pékerman se escribe presidente. En junio de 2014, una de las anécdotas que marcaron la vida política de Colombia fue que, de los más de 400.000 votos anulados en la jornada para escoger a presidente, muchos sufragantes escribieron en el tarjetón el nombre de Pékerman. El asunto serviría para graficar el descontento reinante con los candidatos, pero también para expresar el sentimiento de aprecio con este argentino.

Ya había ocurrido también en 1962, cuando la selección de Colombia logró el empate ante la de Rusia en territorio chileno, y hubo notas editoriales que pedían que Pedernera se nacionalizara y aspirara a la Presidencia. Colombia vivía su Frente Nacional y en Pedernera encontraban un hombre que podía, seguramente, ser una alternativa, dado su liderazgo.

Lo ocurrido con Pékerman –que también seguramente hubo quien lo pensara seriamente– va más allá del folclorismo y la emotividad de los colombianos. Porque este director técnico argentino, llegado a principios de 2012, fue un bálsamo para nuestro fútbol y, vaya si no, para la polarización que vivía el país. Ahora, cuando decidió marcharse -o no pudo quedarse- valdría la pena repasar su legado. Al cabo de un par de años, gracias al liderazgo de Pékerman, nuestro seleccionado volvió a la élite del fútbol mundial, retornó a un Mundial después de 16 años y dejó una estela deportiva y de pundonor, difícil de emular por seleccionador alguno.

Con “P” de Pékerman se escribe positivismo. José Pékerman llegó a la selección de fútbol en un momento en el que reinaba el escepticismo frente a nuestra selección, luego de tres intentos fallidos por retornar a un Mundial, al cual no asistíamos desde Francia 98, cuando se cerró un ciclo interesante arrancado por Francisco Maturana a finales de la década del ochenta y que tuvo en la cancha al Pibe Valderrama como cerebro y referente de una generación de futbolistas que se creía difícil de volver a tener.

Con “P” de Pékerman se escribe paternal. José Néstor tomó la selección y desde ese momento echó mano de un puñado de muchachos que triunfaban en sus equipos por el mundo, pero que a la hora de llegar a la selección parecían un poco sin brújula. El argentino logró inyectarles algo de su ADN futbolístico: una dosis de amor propio, un poco de convicción, de disciplina y de soñar en grande; y les hizo entender que ellos representaban para este país algo más que un número en una camiseta. Pékerman, como lo han expresado algunos de los miembros de la selección, significó algo para ellos: la figura del padre, pero no el que reprende, sino el que tutela, orienta, acompaña, lidera y disciplina cuando toca.

Pensar que Pékerman continuaría después del éxito de Brasil 2014 –donde entre otros también se logró para Colombia el título de goleador– era dado por descontado. Pékerman continuó. Quizá ya no tuvo el mismo entusiasmo, el mismo fervor, pero nuestro equipo, sin perder esa filosofía de juego que le imprimió, estuvo en Rusia 2018, donde tuvo una destacada labor. Seguramente hay quienes piensan que pudimos llegar más lejos, pero la labor de quiromancia no siempre funciona en el fútbol.

Con “P” de Pékerman se escribe protagonista. Hay quienes critican la vinculación de Pékerman y se mofan porque no logró resultados. Pero aparte de una (lánguida) Copa América, ¿qué más han logrado otros? No es tanto lo que engalane las vitrinas de nuestro fútbol. Sin embargo, a Pékerman los números lo defienden: tuvo un rendimiento del 62 % en los partidos que disputó durante los seis años largos que estuvo: 42 partidos ganados de 78 disputados da una idea de su labor. Además, es el técnico que más ha dirigido partidos de Colombia en Mundiales.

Más allá de su labor deportiva, quizá lo más importante es que Pékerman unió a un país en torno a un proyecto deportivo. Un país fragmentado, con líderes incendiarios desde uno y otro bando, inmerso en un proceso de paz con un grupo armado… hacía que las aguas estuvieran muy caldeadas, y en Pékerman y sus muchachos se encontraba ese oasis ansiado que nos sacaba de esa confrontación estéril.

Con “P” de Pékerman se escribe paciencia. Fue parte de su estilo. No se vio molesto, bravo o regañón. Nunca estuvo subido de ánimos, ni molesto, ni bravo. Siempre se le vio la cabeza arriba, aun en los malos momentos, y tuvo la capacidad de trabajar la mentalidad de un plantel que supo responder en la mayoría de los instantes de presión. Y quizá sea uno de sus más importantes aportes: en nuestra sociedad colombiana, donde gustan los líderes gritones, autoritarios, incendiarios, quizá hagan falta más Pékerman, líderes con la cabeza más fría para guiarnos o marcar caminos en tiempos borrascosos y de incertidumbre.

Con “P” de Pékerman se escribe persistencia. Ido don José Néstor, sería interesante que la Fedefútbol piense en continuar por este camino iniciado. Creo que Pékerman mostró un sendero: en un país fragmentado y regionalista —que se evidencia también para nuestro fútbol— vale la pena persistir e insistir en uno parecido: ojalá un director técnico extranjero, que tenga saberes y experiencia, pero ante todo que sea un ejemplo, un motivador. Pékerman dejó también una huella en cuanto a que se requieren recursos físicos y humanos para lograr los resultados. La Fedefútbol deberá brindarle lo mismo o algo más a quien llegue. Esperemos que la Fedefútbol “piense” (verbo que también inicia con “P” de Pékerman) en un director técnico del sur del continente o de Europa. Aquí talento hay; y una mirada externa nos ayudará a seguir creciendo.

Gracias, don José. Un abrazo poderoso, desde la ciudad donde te hiciste un poco colombiano.

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2018-09-09T00:00:40-05:00

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