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Peleando por la torta, para mi prima

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La economía de este país, si bien se rige por los mismos principios que en el resto del mundo, es una máquina muy diferente a la que conocí durante mi pregrado en Estados Unidos. Para entender esta economía toca conocer la historia de esta república: cafetera, industrial y petrolera, y saber cómo se ha formado a lo largo de dos siglos para poder hoy alimentarnos a todos. Esta economía está hoy en cuidados intensivos con el golpe que le dio el coronavirus.

El siglo pasado empezó con la guerra de los Mil Días y terminó con la crisis económica más grande de la historia, pero, entre tragedias, hemos construido la institucionalidad que ha hecho posible tener una economía próspera. Tenemos al Banco de la República, varias cámaras de comercio impulsando el desarrollo y decenas de gremios trabajando genuinamente por mejorar la acción colectiva y contribuir al bienestar de todos.

En 1944 se creó la ANDI, agremiando las empresas más importantes de Medellín. Eran tiempos muy diferentes, pero la primera acción de la ANDI fue presionar al Gobierno para eliminar el convenio comercial que teníamos con Estados Unidos, socavando nuestros primeros pasos para tener una economía moderna. En esas se la pasó por casi todo el resto del siglo XX: buscando (exitosamente) blindarse de la competencia internacional con aranceles, tasas de cambio y trabas al comercio.

Hoy la ANDI tiene programas dignos de un gremio del siglo XXI, que muestran su compromiso por darles mayor prosperidad a todos. Los programas de información de alimentos, los proyectos de inclusión y la sostenibilidad ambiental son de aplaudir, su labor en las regiones también ha sido muy buena.

Lo triste es que hoy la ANDI, con toda su influencia política, decidió salir en plena crisis a atacar el comercio internacional como propuesta para “reactivar la economía”. Esta vez no pidió aranceles, pero sí cuotas mínimas en compras públicas y excluir a los extranjeros de ruedas de negocios y plataformas de negociación: eso hace que nuestra economía sea menos competitiva y que la platica de nuestros impuestos rinda menos. Lo triste es que ese proteccionismo trasnochado ni reactiva la economía, ni le conviene al gremio en el largo plazo.

En vez de buscar cómo “agrandar la torta” de la economía para generar más bienestar para todos, recuperar la (merecida) popularidad del empresario y salir de esta con un país próspero, el gremio decidió mostrar los dientes para hacerse con un pedazo más grande de la torta actual.

Es importante recordar que el comercio internacional es indispensable para tener una mejor economía. Como decía Daniel Ikenson: “Los humanos comerciamos para poder especializarnos. Nos especializamos para producir más. Producimos más para poder consumir más y ahorrar más. Y así es como creamos prosperidad”.

—Pero, espera, Martín —me interrumpió mi prima—. ¿Para qué queremos consumir más?

—Cuando un economista habla de poder consumir más, prima, la gente suele pensar en compras de televisores y ropa barata, pero cuando el economista habla de consumo, se refiere a las cosas que nos dan bienestar: consumir mejor educación, mejor salud y más tiempo de calidad.

—¡Momento!, ¿cómo que consumir salud, si eso lo paga el Gobierno?

—Así es, prima. La salud, sea que la pague la persona o la pague el Gobierno, requiere de capacidad de consumo: de dinero para pagarles a los médicos, a los hospitales y a quienes nos aseguran en caso de que nos enfermemos.

Para salir de esta crisis no basta con el Estado, necesitamos de los empresarios y las instituciones buscando agrandar la torta. Los empresarios, al final de cuentas, no solo han donado cientos de miles de millones para atender la crisis, también son quienes crean empleo, proveen productos para una vida mejor y, por supuesto, pagan impuestos. Un gremio del siglo XXI, con todo respeto, debería exaltar estas cualidades, no socavarlas.

Carlos Caballero decía que la estabilidad de la gerencia del Banco de la República y la Federación Nacional de Cafeteros podría explicar la estabilidad misma de la economía colombiana. Yo creo que tiene razón, nuestro país es mucho más con las instituciones y necesitamos que estén a la altura.

@tinojaramillo

Economiaparamiprima.com

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