Por: Mauricio Botero Caicedo

Pelo para moño...

Brasil aspira a jugar un papel preponderante en el continente americano en reemplazo de los Estados Unidos.

Para algunos, como el editorialista de la revista Economist, Brasil viene desempeñando un juego ambiguo y resbaloso: por un lado, Lula le hace guiños a Chávez y su proyecto bolivariano, y simultáneamente le escribe una carta angustiosa en que le pide que le pague las deudas a los exportadores brasileños, deudas que en algunos casos tienen retrasos de ocho meses. Por otro lado, a Estados Unidos Lula le exige con sobrada razón que desmonte las tarifas a los biocombustibles brasileños, pero simultáneamente Brasil va a ser el primer país en recibir oficialmente a Ahmadinejad, el presidente de Irán, enemigo de los norteamericanos.

Pasada la cumbre de Bariloche, la prueba de ácido de Lula va a seguir siendo la manera en que se deslinde de las actitudes y posiciones expansionistas y totalitarias de los Chávez y los Ahmadinejads.

El primero, sin tapujos, ha manifestado su proyecto inmodificable de impulsar la revolución bolivariana en nuestro país, y con arrogancia y absoluto desprecio a nuestra soberanía, no sólo exige respeto con lo que pretende hacer con los venezolanos, sino que hoy exige respeto para lo que pretende hacer con los colombianos. Lula, en días pasados, le siguió el juego al venezolano, exigiendo explicaciones al Gobierno colombiano sobre asuntos internos. Colombia, país soberano, informa, más no tiene por qué dar aclaraciones. En Bariloche, Lula estuvo bastante más prudente y con ninguna inclinación de acompañar al venezolano en sus delirantes diatribas en contra de Colombia.

Lula tiene que tomar distancia ante las pretensiones del psicópata de Chávez. No hacerlo implicaría el suicidio de Brasil como el gran jugador a nivel continental; y Lula debe evitar que se piense que Brasil no tiene pelo para moño, y moño para peinetón, como dicen en el Valle del Cauca.

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Dentro de los peones de Chávez en el continente, hay peones bellacos, hay peones insignificantes y hay peones loros. Peón bellaco es Daniel Ortega, un bribón en toda la extensión de la palabra. Peón insignificante es Zelaya, un pobre diablo en donde lo pongan. Y peón loro es Evo Morales, el inefable Evo, que como el can de la Victor, repite lo que le ordena el amo. El líder cocalero insinúa que Colombia traiciona a América cuando permite la presencia de militares norteamericanos en sus bases. Haciendo abstracción momentánea del derecho de los colombianos de acabar con el terrorismo y con el narcotráfico, puede ser oportuno recordarle a Evo que él pretendió utilizar tropas extranjeras, concretamente venezolanas, en contra de su propio pueblo. En la guerra civil que Evo estuvo a punto de desatar en Bolivia hace un par de años, el indígena cocalero estaba dispuesto a que los militares venezolanos dispararan en contra de sus compatriotas de las cinco provincias del sur. Que este farsante venga a hablar de “traición”, más que una hipocresía, es un despropósito.

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Según la prensa internacional, Chávez ordenó investigar a todas las empresas colombianas en Venezuela para establecer si hay dineros del narcotráfico en sus capitales. ¿Será que alguien puede aclararle a este zafio que si realmente tiene interés en averiguar sobre los dineros del narcotráfico le basta con pedirle a su empresa Monómeros Colombo-Venezolanos que le informe a quién le entrega dineros en Buenaventura? Prácticamente todos los receptores de los denarios de Chávez, según las autoridades, tienen vínculos con el narcotráfico. Por ahí, en Buenaventura, es por donde Chávez debe empezar sus pesquisas.

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