Pena odiosa

Noticias destacadas de Opinión

¿Por qué habrían de usarse recursos públicos salidos de nuestros impuestos y gravámenes para “salvar” a Avianca? Esa especulación cuadra perfectamente en la cabeza con la frase que Heródoto en sus entretenidos recuentos de la historia pone en boca de un general persa que confiesa: “La más odiosa de todas las penas del hombre es pensar mucho y no poder nada”. Mi respuesta a la pregunta, por principio, es no (con excepción de ver cómo se favorece a los empleados colombianos de la empresa) y trato de explicarlo, a sabiendas de que será solo un registro, por el momento asincrónico e inocuo. Pena odiosa.

Un argumento podría ser lo inapropiado de dedicar recursos nacionales para paliar la deuda de una multinacional, de capitales que se escabullen por las fronteras porosas de los holdings internacionales, cuyos dueños reales no tienen mucho que ver con el país. O podría ser el de sostener en el imaginario colectivo colombiano el mito cursi de “la primera dama de la aviación” que nos abrió los ojos provincianos hace 100 años, ese fantasía de glamur y sueños de ver un mundo al vuelo; pero hace rato que el ídolo es ajeno y además casi extinto, como el cóndor de su emblema, pues ahora las encargadas de interconectar el universo son las redes. El verdadero tema es que la aviación impulsada por combustibles fósiles está destinada a desaparecer tarde o temprano si no queremos entregarles a los hijos y nietos post-pandemia un planeta más inhóspito.

Uno de los secretos sucios mejor guardados de la industria aeronáutica es el de la contaminación que las naves pueden producir en cada vuelo. Desde luego está la letal contaminación por CO2 de todo combustible fósil como el utilizado en los aviones, pero también está el de las llamadas “estelas de condensación” o contrails, esas casi románticas líneas de nubes paralelas dibujadas en el azul del cielo, que al condensar el agua y los cristales y romper el equilibrio del ozono, causan problemas de radiación que aumentan el calentamiento de nuestra ya recalentada atmósfera en un porcentaje inadmisible. Ahí ya no hay futuro. Volar así, por muy maravilloso que  parezca, sigue siendo, además, elitista; un falso servicio público muy lejos de las necesidades básicas de la supervivencia en esta tierra. La “business class” corroboró en el confinamiento que se puede reunir por la pantalla a hacer negocios desde la sala de la casa, aretes o corbata de fachada y cómodas pantuflas invisibles; sufrirían los pudientes con pisos en dos o tres sitios del planeta, y los turistas poseídos del sueño americano de visitar por visitar y quizás los que quisieran volver a visitar a sus familias en la diáspora. Daría nostalgia no volar: ¿pero básico?

Básico mantener los mal llamados “territorios nacionales” conectados, pues no es deseable hacer una carretera más que rompa nuestras selvas y las elimine de los mapas; y es fundamental permitir que los lejanos puntos de nuestra geografía formen parte algún día de la vida nacional. Pero ahí está Satena, que debería ser, esa sí, la beneficiaria de un apoyo estatal más decidido, en tanto nos inventamos una manera limpia de volar. Y para atravesar el charco, soñemos con veleros silenciosos de viajeros sin prisa armados de un buen libro y banda ancha. 

Y está también el verdadero presente y futuro del transporte: el tren. Mientras en el resto del mundo países sensatos reactivan los ferrocarriles eléctricos, eficientes y limpios, aquí les dimos un entierro de quinta hace años después de haber sido masacrados a sangre fría por los importadores de camiones y luego por las mafias del transporte terrestre, cuando ya había —con esfuerzos y sudores de cuando éramos una nación mejor pensada— una infraestructura ferroviaria preparada para el futuro verdadero, que es ahora. Aquí sí requeriríamos una operación de salvamento.

PS: Alerta naranja: El nuevo gobernador del Chocó lleva la tarea de reavivar la estupidez de un puerto en Tribugá. ¡Odiosa pena!

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.