Por: Alberto Donadio

Penny Lernoux

Hoy tendría apenas 79 años. Pero Penny Lernoux murió hace 30 años, en octubre de 1989. Vivía en Bogotá en La Candelaria, en una bella casa donde en el segundo piso instaló su estudio, desde donde firmaba artículos para las revistas Newsweek, Businessweek y The Nation, y para el principal periódico católico de los Estados Unidos, el National Catholic Reporter. Antes tuvo un apartamento en el penthouse de un edificio circular que existe en la calle 18 por la que se sube a la Universidad de los Andes. Y antes vivió en Cartagena, donde conoció a su esposo británico, Denis Nahum, al cual lamentablemente no se le entendía ni jota en inglés o en español, y que años después de la muerte de Penny falleció en un accidente de tránsito.

Nacida en una familia católica de Los Angeles, Penny trabajó desde los años 60 en Bogotá y Caracas como periodista de la USIS, la agencia de información de los Estados Unidos. Ella creía en la Iglesia de Roma que se solidarizaba con los pobres y con los perseguidos. En 1977 publicó su obra maestra, Cry of the People, un formidable reportaje de más de 500 páginas sobre las figuras católicas que defendieron en América Latina los derechos humanos, como el arzobispo de São Paulo, el cardenal Paulo Evaristo Arns, que se opusó a la tortura durante los 20 años de dictadura militar que vivió Brasil a partir de 1964; como el sacerdote colombiano Héctor Gallego, desaparecido en Panamá en 1971 por ayudar a los campesinos; como el clero chileno que convirtió la Vicaría de la Solidaridad en un bastión contra los desmanes del pinochetismo. A solicitud de Penny, traduje ese libro con el título Clamor del pueblo, pero por alguna razón editorial la traducción no se publicó. El largo subtítulo de la obra muestra el pensamiento de Penny: La participación de los Estados Unidos en el avance del fascismo, la tortura y el asesinato y la persecución de la Iglesia católica en América Latina.

Yo era un periodista novato cuando conocí a Penny, que me ayudó en muchas pesquisas, y siempre me impresionó que estaba mejor informada sobre lo que pasaba en Colombia que muchos colegas criollos. Las corresponsalías que ella enviaba en los años 70 y 80 a las publicaciones para las cuales trabajaba son la mejor fuente de información que existe sobre la realidad colombiana de esos años, particularmente sobre el régimen de Turbay Ayala. Penny llevaba siempre un peinado de típica rubia americana de los 60, que parecía crecer por momentos debido al humo del cigarrillo que daba vueltas alrededor de su cabeza. Yo me imaginaba que tenía más de 60 años. Cuando murió no solamente me dolió la partida de una amiga generosa que siempre me abrió las puertas de su casa, de una periodista incansable, independiente y comprometida, sino que me abismó que tuviera apenas 49 años. Su editor en el National Catholic Reporter ha dicho que si la Iglesia católica fuera más democrática, más laica y más cercana al pueblo de Dios, Penny Lernoux hace mucho tiempo habría sido proclamada santa.

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Penny Lernoux

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