Pensamiento claro colombiano

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Entre unos vientos salobres y suaves, como bálsamo, que se deslizan sin prisa por entre troncos de orquídeas, tiestos de heliconias, helechos y palmas de iglesia, (Sika revoluta), mangos enanos y un cañaguate impúber, vive en Santa Marta, la capital del Magdalena, con Betsy, su mujer, y Julieta, su nieta de nueve años, Antonio Hernández Gamarra.

Una rala colina de trupillos y cardonales al frente de la casa, por los que se cuela un Caribe rugiente pero manso, deja entrar agónicas las últimas llamas rojizas de los atardeceres de un abril en ciernes.

Fue por aquellos pagos en los que alguna vez Francisco de Casilda, cercano en su corazón y vecindades a Hernández Gamara, me hizo sabedor de la noticia fundacional del Pensamiento Claro Colombiano (PCC), de cuyo nacimiento fue partero su carnal Antonio junto con los muchachos de entonces de la Universidad Nacional, UN, sede Bogotá, y del antioqueño Iván Duque Escobar, de grata recordación como liberal y competente funcionario de la nomenklatura oficial por aquellas calendas.

Todo empezó, cuenta Hernández Gamarra en Relatos de los oficios y los días*, sus memorias, en un foro que aquel, Duque Escobar, dueño de un gran sentido del humor y conocedor del principio que señala que La letra con risa entra (sic), había convocado en su condición de ministro de Minas y Energía para conocer y analizar la problemática del sector.

Y, de paso, habida cuenta de que abundarían, recoger las frases altisonantes y sin sentido que se pronunciaran en las siguientes intervenciones para dejar establecida la vaguedad de ellas. Para ese fin me pidió que le ayudara anotando las que en mi opinión tuvieran las características así señaladas (sic).

Esta, apreciado lector en cuarentena, es sin regateos ni falseada tradición, el registro civil de nacimiento de una de las corrientes más fluidas y torrentosas del pensamiento colombiano, antes y después de ese otro fulgurante sol que alumbró la edad de oro de la filosofía, la poesía y la historia de nuestro intelecto criollo, el nadaísmo.

Con el correr de los años del que fuera un ejercicio de logia para el limitado núcleo de diletantes que se conformó a partir del foro convocado por el ministro Duque Escobar, vino a saberse públicamente por la revista Estrategia Económica y Financiera, diciembre de 1995, en una entrevista que hizo a Hernández Gamarra y en la cual éste dio a conocer la existencia y principales características del Pensamiento Claro Colombiano.

No sin antes informar acerca de la publicación que, en la clausura de las antes veces nombrado foro se recopiló y cuyo título no deja duda del más grande de otro de los partos del intelecto criollo conocido hasta entonces: “Lista léxica de la energía dinámica transferible no optimizable”.

Por si hubiese perdido vigencia alguna de las características generales del PCC en estos tiempos de pandemia y de temblores y convulsiones de la salud, la economía, el empleo, el PIB, les rememoro las que traen diversos tratadistas: la grandilocuencia, la pretensión de extrema seriedad, la vaguedad conceptual, el descuido en la sintaxis, el tono doctoral, el estereotipo y muchas veces el propósito deliberado de engañar incautos así no se incurriese en pecados gramaticales. (sic).

* Poeta

@CristoGarciaTap

**Antonio Hernández Gamarra, Relatos de los oficios y los días, Editorial UN, junio de 2020.

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