Por: Mario Fernando Prado

¿Peor el remedio?

LA DESTITUCIÓN E INHABILIDAD proferida contra Piedad Córdoba la ha insuflado y puede lograr, en este país de amnésicos, que recobre su popularidad perdida y se convierta en una heroína mediática más de ésas que fabrican las circunstancias y los medios.

Imagino las ONG internacionales haciendo de caja de resonancia en la defensa de la ex senadora que no ahorrará esfuerzos para demostrar su inocencia y para asegurar que ella —Teodora de Bolívar— no es la misma Piedad Córdoba. Así de fácil y así de sencillo.

Y también al Polo  —ahí sí— unido al partido Liberal y a los columnistas que sabemos reencaucharán su viejo discurso y volverán al ataque luego de varias semanas de carencia de tema.

Creo que pocas personas han leído los ciento y pico de folios del documento de la Procuraduría y por ello desconocen la profundidad de su pronunciamiento que no es al alimón ni menos carente del acervo probatorio que tan delicada y espinosa decisión exigió.

Vendrán ahora las tutelas y demás instrumentos legales de defensa a los que accederán sus abogados en búsqueda de demostrar que la Córdoba es una apóstol de la paz, que ha arriesgado su vida para obtener la liberación de los secuestrados y que todo es un montaje político para descalificarla y sacarla de la arena electoral.

Y mientras tanto ella volverá a ser noticia y opíparo platillo de la antropofagia nacional y los voceros de la opinión que le darán —repito— nuevo aire a su ya legendaria figura de mujer aguerrida, altiva y soberbia.

Piedad, que de tonta no tiene un pelo, no desaprovechará el papayazo para redimirse, volverse víctima y pasar de acusada a acusadora. De golpe pues termina encarcelado el Procurador y ella muy oronda, de ícono de la libertad, la democracia y los derechos humanos.

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