Por: Luis Fernando Montoya

Peor es nada...

“Tu casa puede sustituir al mundo. El mundo jamás sustituirá tu casa”: Proverbio alemán.

Por estos días, más que estar pendiente de lo deportivo, me he puesto a reflexionar sobre los últimos acontecimientos de violencia presentados en el fútbol colombiano y también lo sucedido en un partido de la Copa Suramericana, en Bolivia, que por fortuna el aficionado que entró al terreno no logró su objetivo frente a un jugador del River.

La violencia es una realidad humana, se da entre hombres, y aquí los hombres podemos ser individuales o colectivos, también es una realidad histórica, que surge en el proceso de convivencia o de confrontación humana, que se modifica en la medida en que esas convivencias, esas interacciones, se van transformando y pueden tener momentos de mayor o menor violencia.

La Dimayor tomó la medida de prohibir la entrada de aficionados del equipo visitante con algún símbolo representativo, como camiseta con su escudo, banderas, Recordemos que un símbolo es la representación perceptible de una idea, con rasgos asociados por una convención socialmente aceptada. La simbología es importante, pero no soluciona el problema de fondo de nuestro país, aunque considero que había que empezar con alguna medida y en su proceso habrá que evaluarla y tomar sus correctivos pertinentes. Nosotros, los padres de familia, a veces también en nuestros hogares presionados por ciertas circunstancias tomamos de inmediato algunas medidas no para solucionar el problema, sino más bien para poder tener otro tiempo para reflexionar y ahí sí tomar medidas más pensadas que emocionales. En ese mismo sentido quiero analizar la medida tomada por la Dimayor.

Considero que debemos ir más allá y trabajar en varios frentes:

1. Reconocer la violencia: darnos cuenta de que existe, entender su magnitud, entender su dinámica, ver qué tipos son los que están, cómo enfrentarlos y qué pueden hacer las instituciones y las personas para poderlas modificar.

2. Crear una escala de valores: debemos entender que la vida es un valor supremo, que reivindiquemos el derecho y el respeto como un derecho supremo. Mientras la vida siga valiendo nada, no hay esperanza. Tenemos que levantar una nueva ética en la cual la vida sea un valor que respetemos colectivamente.

3. El partido más importante: les quiero compartir a todos los aficionados al fútbol que me tocó jugar partidos muy difíciles en la Copa Libertadores, pero el más importante y difícil es el que me estoy jugando actualmente por recuperarme y vivir.

4. Sancionar: es hora de que los entes responsables tomen las medidas judiciales necesarias y ejemplarizantes.

 

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