Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

Pequeñas y vulnerables criaturas

LA HISTORIA DEL MUNDO Y DE LA HUmanidad se caracteriza por toda suerte de descubrimientos maravillosos, como la rueda, la electricidad, el teléfono y la penicilina, por sólo mencionar algunos ejemplos de los miles posibles, pero también por las guerras, los odios, las enfermedades y las pandemias, para sólo referirme a algunos desastres de los que ha dado cuenta el ser humano en su paso por esta tierra.

A estas generaciones presentes, digamos que a la mía, les ha correspondido una dosis interesante de acontecimientos que van desde la proliferación de conflictos que cubren guerras como la del Golfo, la de las Malvinas, la de Irak, la de los árabes e israelíes, hasta situaciones menos formales como nuestro conflicto interno. Presenciamos la caída del Muro de Berlín, el asesinato del presidente Kennedy, el ascenso de Fidel, la guerra fría, la caída de las Torres Gemelas y tantas otras situaciones que de por sí resulta complejo siquiera inventariarlas.

También hemos sido testigos de cosas maravillosas; los viajes a la Luna y a las estrellas, descubrimientos e inventos como la anestesia, la teoría cuántica, etc., significan un avance para la humanidad de proporciones mayores. Tal es el caso, creo yo de manera privilegiada, del reciente y aún inesperado desarrollo del mundo virtual que ha dado paso a la era de la información y del conocimiento. Todavía el ser humano no dimensiona las posibilidades que ello ofrece para el futuro de la humanidad.

Sin embargo, pesa sobre el ambiente, tal vez por el poder de la información, un sentimiento de estar asistiendo a un verdadero colapso del mundo como lo conocemos. Ello se explica porque muchos de los acontecimientos naturales que presenciamos son sólo síntomas de un problema muy grave causado por la misma humanidad; se trata del tan famoso calentamiento global, que empieza apenas a ser entendido por los expertos, quienes no se cansan de llamar la atención de todos, hombres y mujeres, ricos y pobres, sobre la responsabilidad que a todos atañe y lo irreversible del tema.

En estos días, a más del sida, los diversos tipos de cáncer que afectan a la humanidad por temas relacionados con nuestra cultura alimentaria y la proliferación de enfermedades autoinmunes, estamos asistiendo a una plaga como las de Egipto: la fiebre porcina, de la cual nadie había oído hablar hace quince días. Hay miedo, sin duda, entre los niños y los adultos. Y a pesar de todo lo que hemos caminado, el mundo parece carecer de respuestas, aunque a diferencia de hace cientos de años, el aviso de contagio precede al contagio.

No nos queda más que acudir a la calma y a la sensatez mediante la prevención y una conducta más responsable no sólo hacia nosotros, sino hacia nuestro entorno. Finalmente, sólo somos unas pequeñas criaturas maravilladas por la fuerza de los acontecimientos que presenciamos durante nuestra existencia.

 

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