Por: Gonzalo Silva Rivas
Notas al vuelo

Pequeños gigantes

Por lo menos veinticinco mil pequeños y medianos empresarios se encuentran vinculados a la actividad turística en el país. Conforman una fuerza patente que aporta dividendos, genera empleo e incorpora buena parte de la mano de obra desplazada. Aunque por volumen, papel dinamizador y potencial económico deberían tenerse en cuenta como fuente de progreso para la industria, no juegan en el escenario público y por consiguiente carecen de participación en el manejo de las políticas oficiales.

Las principales organizaciones gremiales que concurren en el sector poco se ocupan de aquellas olvidadas ligas menores. Concentran su representación en las grandes unidades empresariales, a las que han logrado abrirles espacios de interacción con el Gobierno, procurando trazarles horizontes favorables y un entorno más competitivo.

El panorama para la mayoría de empresarios turísticos pinta diferente. Afrontan limitaciones que ponen en posición de jaque el funcionamiento empresarial y su margen de maniobra. El problema se agrava cuando buena parte de las propuestas corresponde a empresas unipersonales, de rebusque o familiares, muchas carentes de condiciones para cumplir con normas de registro y menos aún con obligaciones sociales, laborales y tributarias. El imperturbable confinamiento en que se desenvuelven las induce a la informalidad.

Corregir la situación no será ejercicio fácil, pero por ahí va la apuesta, a través de liderazgos privados dispuestos a estimular el funcionamiento empresarial y la asociatividad de estos actores, como estrategia para sumar esfuerzos y establecer relaciones directas con el Estado y demás protagonistas gremiales, en aras de conseguir soluciones a la prolongada ausencia de oportunidades.

En 2013 comenzó a abrirse camino la Confederación de la Industria Turística de Colombia, apalancada por iniciativa de Rudesindo Moreno, hábil y emprendedor hotelero que se ha dado a la tarea de explorar los cimientos del sector. Confetur se creó para aglutinar a micro, pequeños y medianos empresarios y a las crecientes comunidades sociales que componen la cadena sectorial. En su conjunto, la inmensa mayoría de servidores turísticos, tradicionalmente ajenos a prácticas de asociación y cooperación. Por ahora reúne sus primeros 750 afiliados, quienes esperan consolidarse o iniciar su ingreso al mercado de servicios para mejorar calidad de vida y productividad regional.

Colonizar a esta dispersa parcela empresarial, priorizando a los actores de regiones con potencial turístico pero ausentes del portafolio de la industria, y ocuparse de la formación y capacitación del recurso humano, será punto clave para vigorizar unidades empresariales y promover su incursión en la formalidad, labor que ha estado ausente de las prioridades del Estado.

El objetivo de su próximo congreso nacional, relacionado con el desarrollo del turismo como compromiso empresarial para la paz, abre un interesante espacio de reflexión para ponerle el ojo a la industria en las zonas del posconflicto, donde bajo la batuta del Gobierno deberán construirse alternativas de innovación económica y social. En muchas de ellas, como en otras regiones del país, el turismo es la única opción de ingresos de sus habitantes, y organizarlos e impactar a su favor generará progreso y sanará fracturas dejadas por tantas décadas de violencia.

Asociar a millares de microempresarios ignorados y tenderles puentes con las entidades públicas y privadas del orden municipal, regional y nacional para impulsar líneas de gestión permitirá fomentar actividades exitosas en el marco de una industria llamada a cambiarle el rumbo a la economía nacional. Trabajar de su mano para conseguir resultados —que de otra manera serían inalcanzables— es ayudar a tantos pequeños gigantes a crecer en grande.

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@Gsilvar5

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