Por: Esteban Carlos Mejía

Pequeños y mezquinos cálculos electorales

Gústenos o no, las elecciones parlamentarias girarán alrededor del capataz de Salgar y sus marionetas. Repasemos datos, hagamos cálculos y saquemos conclusiones.

En 2010 hubo 10’588.261 votos para Senado. El Partido de la U sacó la mayoría, 2’792.944, seguido por el Partido Conservador con 2’257.335. El Partido Liberal logró 1’724.151 y Cambio Radical obtuvo 861.816. El Polo Democrático Alternativo consiguió 824.948 y los Verdes, 521.503. El PIN, dizque censurado por todo mundo, se llevó 892.720. El MIRA, con la única lista cerrada, se agenció 324.109. En ese entonces, el umbral era de 2%, porcentaje que quemó, entre otros, a los candidatos de Fajardo y Compromiso Ciudadano con 181.513 votos. Elegir un senador no es como cantar y coser.

Si el año entrante vuelve a votar la misma gente —algo presumible dada la apatía y la esquizofrenia política del pueblo colombiano—, el umbral del 3% quedaría en unos 317.646 votos, número endiablado y cuesta arriba. Los uribistas más rústicos, con desbocada fantasía, piensan con el deseo y aseguran que su patrón conseguirá una votación monumental. Creen al pie de la letra en una encuesta que, por ejemplo, dice que el 60% estaría dispuesto a votar por los elegidos de Uribe. ¿Sesenta por ciento? Ni que el bolígrafo del capataz fuera milagroso. ¿6’352.956 votos? ¿Con José Obdulio a bordo? ¡Dios mío! La ingenuidad es tan narcótica como la corrupción. ¿Veinticinco o treinta senadores? Para lograr 25 senadores, los uberrimistas necesitarían unos 2’647.050 votos, casi la misma votación de todo el Partido de la U en 2010. Y para 30 curules les harían falta unos 3’176.460 votos, cifra cercana a la que sacó Uribe en su primera elección presidencial en 2002. ¿De dónde tantos votos? ¡Virgen del Agarradero, agárrame a mí primero! ¿Acaso los roybarreras, los benedettis, los simoncitos, los gerlein, las lilianasrendón, los espíndolas se quedarán de brazos cruzados mientras Uribe y sus títeres codean, hacen zancadillas, gritan y excomulgan? El capataz también la tiene cuesta arriba: él lo sabe muy bien, pues lo que se hereda como manzanillo provinciano no se hurta como clientelista capitalino.

No sé cuántos senadores logrará el Centro Democrático. Eso sí, los damnificados serán el Partido Conservador y el Polo. Muchos godos votarán con fruición por el falso mesías. Y no pocos le cobrarán al Polo su (f)rigidez ideológica. Porque oponerse a Santos sin atacar al mismo tiempo a Uribe, beneficia a Uribe. Basta ver cómo las casi solitarias batallas del senador Robledo a favor de la producción nacional y en contra de los TLC neoliberales son aprovechadas obscenamente por el capataz. Hay que oponerse por parejo a Santos y a Uribe, con rigor, honestidad y vehemencia. Insisto: ¡Santos es pésimo, pero Uribe es peor!

Rabito de paja: juro que en la próxima columna no usaré el epíteto “Uribe”. ¡Por esta cruz que redimió al mundo!

Rabillo: “La política conservadora de odios y de malos sentimientos busca seguir estratificando prejuicios que perdieron su base en la vida política del país”. Alfonso López Pumarejo, 1941.

Rabico: “La existencia humana transcurre entre dos abismos: a un lado, el fanatismo; al otro, el escepticismo absoluto”. Milan Kundera, 1994.

 

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