Por: Juan Pablo Calvás

Percepciones papales

Prendí mi televisor y la vi: pequeña, solitaria y fea. Era la protagonista de un recuadro en la esquina inferior derecha de la pantalla. Inmóvil y distante, así se veía la chimenea.

En Roma, miles de personas la miraban hipnotizadas, cual si fuera una aparición trepada en las tejas de barro de una iglesia. Entretanto, en el mundo entero se multiplicaban las apuestas en torno al resultado que se conocería una vez saliera el humo blanco de la boca del buitrón.

Durante horas enteras la imagen de la chimenea televisada estuvo ahí, en su recuadro, como si fuera una metáfora de la religión: inamovible, alejada de la gente y un tanto oxidada.

Es sorprendente. El planeta se paralizó por una elección que a la larga no cambia mayor cosa. Ya vimos el perfil del nuevo Sumo Pontífice: conservador, no apoya el matrimonio igualitario, no le gusta el uso del condón y rechaza el aborto. En resumen, un hombre nuevo con las mismas ideas.

Me pregunto qué es lo que genera tanto entusiasmo del cambio de un Papa a otro, si al final de cuentas no hay evolución en la manera de concebir el papel de la Iglesia. ¿Será que en el fondo todos guardamos la esperanza de que algún día llegue al trono de San Pedro alguien capaz de sacudir las viejas tradiciones y logre actualizar una iglesia detenida en el tiempo? ¿Será que nos entusiasma la llegada del tan anunciado Papa Negro?

Creo que al final de cuentas tanto escándalo, tantas quinielas, tanta atención que se le presta a lo que ocurre con la elección del patriarca de la Iglesia Católica es producto de un caso grave de histeria colectiva del cual terminamos participando todos. Es que, seamos honestos, ¿en qué cambió nuestra vida el pontificado de Benedicto XVI?

No deja de sorprenderme el extraño triunfalismo de aquellos que celebraron el origen latinoamericano del cardenal elegido en el cónclave. ¿Acaso eso va a hacer que la calidad de vida en estos países mejore? ¿Un Papa suramericano representa el fin de la pobreza en Colombia?

Por ahora el cónclave ha terminado y con él los días de mayor rating mediático que cada cierto tiempo logra conseguir la Iglesia. Queda ver qué se inventa Su Santidad para hacer que los índices de audiencia de estos días se mantengan y así poder lanzarse a la reconquista de los espacios perdidos por la Iglesia, aunque no será tarea fácil.

--- #PreguntaSuelta: Y si no pueden embalsamar a Chávez, ¿pondrán en la urna de cristal a un muñeco de cera?

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