Por: Camilo Sánchez O

Perder es ganar un poco

Esta célebre frase del recordado técnico Maturana, cae como anillo al dedo para el escabroso camino que he recorrido en compañía de millones de colombianos, con los que nos oponemos rotundamente a continuar presenciando la fiesta del maltrato, tortura y muerte de los animales.

Si bien el reciente fallo de la Corte Constitucional, no sólo dista de las jurisprudencias de los países más evolucionados, y es contradictorio en su motivación y conclusiones, obtenemos logros muy significativos que se verán reflejados en el desarrollo de estos eventos públicos.  Una primera banderilla de esta sentencia es que ninguna ciudad ni municipio que no tuvieren como “tradición” realizar la feria taurina, lo podrá hacer. Es decir, sí de manera periódica e ininterrumpida no se han efectuado corridas no lo podrán hacer nunca.

Viene la segunda, donde la Corte prescribe que las ciudades que continúan con estos degradantes espectáculos no podrán ampliar autorizaciones para otros eventos donde se utilicen animales.  La tercera, bastante contradictoria, es que aunque el fallo autoriza continuar con estas expresiones culturales, “se debe crear de manera inmediata, una política que impida el trato cruel a los animales”. ¿Cómo evitarlo cuando el objeto del espectáculo es precisamente torturar y dar muerte al animal? Muy paradójico este punto de la Corte, pues aceptando que existe maltrato lo autoriza  solicitando al tiempo una política que evite el trato cruel.

La última banderilla, considero que pone en agonía este circo decadente, y es que al prohibir a los alcaldes y gobernadores destinar recursos públicos  para estas actividades, necesariamente esta feria queda desangrada.  Quiero ver a los distinguidos taurinos echarse la mano al bolsillo para subsidiar las corridas, pagando el alquiler de los espacios públicos, o comprando cuantiosas boletas para su entretenimiento del domingo.  Hasta el día de hoy, era el Estado quien se encargaba de financiar de un 50% a un 100% cada encuentro taurino, de ahí que fueran posibles.

A pesar de encontrar profundos desaciertos en la sentencia, en especial al catalogar como tradición, estos actos barbáricos importados y adaptados a nuestras costumbres, al tiempo de observar como en España, donde sí podría verse como tradición, desaparece poco a poco en provincias como Cataluña, considero que hemos ido creando lentamente una cultura de respeto a la vida.  Hoy la Corte estuvo divida hasta el último momento, fue un fallo bastante mediático y político, poniéndole una vela a Dios o otra al diablo, pero no debemos olvidar que los salvamentos de voto son piezas muy esperanzadoras en la jurisprudencia.

Aunque necesitemos fallos más contundentes la estoca mortal a la fiesta brava y a todos los espectáculos crueles contra los animales, estará en manos del Congreso para que aprueben por fin las leyes contra el maltrato a los animales y respeten sus derechos.

Por lo mismo, presenté el proyecto que prohíbe este tipo de espectáculos, el que ratifica la Declaración universal de los derechos del animal Adoptada por la Liga Internacional de los Derechos del Animal celebrada en Londres en 1977, y el proyecto que protege la preservación del Oso de Antejos, especie que está en peligro de extinción y que habita en las montañas de nuestras cordilleras andinas. 

Sumado a esto en febrero del 2011, convocaré en compañía de REDPAA el III Foro, esta vez de nivel internacional contra el maltrato animal y en octubre de esta año el Primer Taller de Promotores Ambientales.

Me siento orgulloso de venir dando esta lucha desde hace diez años en el Congreso, para sacar a Colombia de los ocho países del mundo que  permiten tan crueles entretenimientos.

*Senador de la República

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