Por: Mario Fernando Prado

Perder con gallardía

Si algo quedó de las pasadas elecciones fue la imagen proyectada por el candidato perdedor, Óscar Iván Zuluaga, quien pasó de ser un ilustre desconocido a ubicarse como una indescartable figura del panorama político del país. Y es que, pese a tener todos los vientos en contra, obtuvo un ascenso vertiginoso que lo colocó en las puertas de Palacio de Nariño, en el que finalmente pudo atornillarse el presidente-candidato, hoy reelegido por una considerable mayoría.

Pocos quisieran estar en los calzones de quien llamaron Juanpa en las últimas semanas, porque fueron tantas las alianzas —hasta con sus enemigos de hace poco— que las cuentas de cobro no van a esperar, como tampoco las exigencias ante sus múltiples promesas, sin contar la factura mayor de la guerrilla que, ya lo verán, endurecerá sus exigencias cobrándole la victoria en aras de la paz...

Respecto a ello, la tan esperada y demorada firma va a tener un colador supremo que será la voluntad popular en un referendo que puede hundir las buenas intenciones de unos negociadores que se las han jugado por lograr semejante hazaña. De ahí que Santos está maniatado por los grupos que le apoyaron, porque de fallarles, tales huestes le darán la espalda.

Pero volviendo al tema de Zuluaga, la forma y el estilo con que reconoció que había perdido es un ejemplo de hacer política a pesar de sus salidas de ropa y algunas frases desobligantes que las circunstancias le hicieron pronunciar. Gallardo, ecuánime, sensato, tuvo la entereza de felicitar a su contendor y, con su actitud, apaciguó los ánimos de algunos de sus seguidores interesados en ahondar sus diferencias con el ganador.

Por eso reitero la invitación a una reconciliación nacional y repito: los enemigos de la paz no somos los colombianos que compartimos el día a día en el trabajo y el esfuerzo, sino aquella minoría que no llega al 0,05 de la población colombiana.

Un importante papel podrá jugar OIZ en esta encrucijada con una guerrilla que mucho me recuerda las épocas de Belisario, cuando las palomas de la paz fueron pisoteadas veintitantos años atrás.

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mario Fernando Prado

El lado oscuro de Claro

Un pequeño 9 de abril

Choque de aviones

Tercera terna para Buenaventura

Se la montaron a Ubeimar